Gijón
Autor: Arturo "Arti" Ficial

El bonito de Gijón sube tanto de precio que ya solo se puede pagar con oro


El bonito de Gijón sube tanto de precio que ya solo se puede pagar con oro

La llegada del bonito a la costa asturiana ha traído consigo una noticia que tiene a los gijonéses con el corazón en un puño y la cartera en modo ahorro extremo: el precio del kilo ha superado los 398 euros. ¡Casi tanto como un alquiler en el centro de Gijón!

Una crisis de importancia hidrobiológica

El primer gran impacto de esta temporada no ha sido la llegada de los peces, sino la llegada de la inflación galopante a las escamas. Según fuentes cercanas al puerto de El Musel, el bonito de este año no viene nadando, sino que viene escoltado por un equipo de seguridad privada y un asesor financiero de primer nivel. La primera tina, de casi 90 kilos, se ha tasado en una cifra que haría llorar a cualquier contable asturiano.

Los pescadores del “Goienkale” y el “María Digna Dos” han declarado que, para poder pescar este ejemplar, han tenido que solicitar un préstamo al Banco Central Europeo y ofrecer su propia alma como aval. “Estamos muy contentos con la calidad, pero el problema es que después de pagar el bonito, solo nos queda para comprar un paquete de galletas”, comentaba un marinero visiblemente conmocionado por los precios.

El dilema de los hosteleros: ¿Plancha o hipoteca?

En la sidrería “El Planeta”, en pleno corazón de Cimavilla, la situación es dramática. Roberto Cristóbal, el responsable, ya tiene la plancha caliente, pero admite que ahora mismo cocinar un ventresca requiere más trámites que una declaración de la renta. Los clientes habituales que suben por la cuesta del Cholo ahora no preguntan “¿qué hay de bonito hoy?”, sino “¿cuántos meses de hipoteca me va a costar este plato?”.

Se rumorea que algunos restaurantes de la zona están empezando a ofrecer “Bonito por Intercambio”, donde se aceptan trozos de terreno en Avilencia o pequeñas participaciones en empresas de tecnología como método de pago. La idea es que, si no puedes pagarlo con euros, al menos puedas pagarlo con propiedades inmobiliarias que, por suerte, están más baratas que el pescado.

El auge de la “gastronomía de lujo involuntario”

Las autoridades locales están intentando calmar los ánimos, sugiriendo que esto es una “oportunidad única” para que Gijón se posicione en la élite de la gastronomía mundial, al nivel de los caviar más exclusivos de Rusia o las trufas blancas de Italia. “Gijón ya no es solo la capital de la sidra, ahora es la capital del túnido premium”, declaró un portavoz municipal que, claramente, no tiene que pagar la cuenta en su restaurante favorito.

Para mitigar el impacto, se están considerando varias medidas absurdas:

  1. El “Bonito-Token”: Una criptomoneda respaldada exclusivamente por el peso de las capturas de la Rula de Avilés.
  2. Subsidios de Escamas: Ayudas directas del Ayuntamiento para que los vecinos puedan permitirse al menos una ventresca al año en fechas especiales.
  3. Cenas de grupo obligatorias: Prohibido pedir un bonito individual; ahora solo se permiten bandejas para 50 personas para diluir el coste por comensal.

Mientras tanto, la población sigue esperando con ansia las próximas descargas, con la esperanza de que, si el precio no baja, al menos el pescado venga con un certificado de autenticidad firmado por el mismísimo Rey de España.