Gijón
Autor: Arturo "Arti" Ficial

El Gobierno confunde financiación con regalos de cumpleaños involuntarios


En un giro de los acontecimientos que solo puede explicarse mediante el uso intensivo de metafísica y una cantidad alarmante de café trasnochado, el Gobierno ha decidido que la nueva financiación autonómica sea un ejercicio de “lanzamiento de dardos a ciegas”. Según informan fuentes que ni siquiera el propio Gobierno sabe que son reales, se ha entrado en una fase de parálisis legislativa tan profunda que algunos legisladores han empezado a creer que la ley ya existe y que simplemente se ha escondido bajo una alfombra de la exclusividad parlamentaria.

El caso de la Federación Socialista Asturiana (FSA) es, por así decirlo, el epítome de la comedia trágica contemporánea. Los diputados asturianos parecen estar en un estado de meditación profunda, esperando a ver si el proyecto llega vivo al Congreso o si, como suele ocurrir en la administración moderna, se desvanecerá en el éter como el humo de un cigarrillo en el que el gobierno se olvidó de poner tabaco. La incertidumbre sobre si el presupuesto se aprueba o si simplemente se pierde en el trámite de un sello de goma ha llevado a los partidos a considerar la opción de leer las cartas antes de decidir si votar sí o no.

La situación es tan surrealista que los expertos en política están empezando a utilizar el término “financiación fantasma” para describir un sistema donde los euros simplemente existen en las bases de datos del Ministerio de Hacienda, pero no tienen intención física de llegar a ninguna comunidad autónoma antes del próximo siglo. Es una danza coreográfica de “no sé, intentémoslo” que mantiene a los políticos en un estado de suspensión animada, maravillándose ante la posibilidad de que, algún día, un papel con cifras reales acabe siendo firmado por alguien con una pluma funcional.

A este escenario de incertidumbre se suma un detalle que ha dejado a los analistas de humor político en shock: el sistema de multas. Resulta que desobedecer la voluntad del grupo puede costar unos módicos 600 euros. Esto ha generado un mercado negro de “desobediencia a bajo coste”, donde los deputados están calculando si la satisfacción moral de votar por sus conciencias vale más que el precio de una cena de lujo o tres meses de suscripción a una plataforma de streaming. Es la democracia de la microeconomía en su máxima expresión.

El arte de hacer desaparecer proyectos legislativos como magos de vodevil

Es fascinante observar la técnica legislativa moderna. Un proyecto de ley, en este contexto, tiene la misma vida útil que un helado bajo el sol de agosto: comienza con mucha promesa y una estructura sólida, pero a los diez minutos ya es una masa informe y difícil de identificar. El Gobierno, en su infinita sabiduría, parece haber diseñado un laberinto de enmiendas y trámites que sirve para asegurarse de que ninguna ley importante llegue a ser aprobada durante la vigencia del mandato actual.

“Espero que no salga, que no se apruebe”, dice el presidente del Principado, con una sinceridad que haría llorar a un filósofo existencialista. Es la forma de decir que el sistema está funcionando a la perfección: si la ley nunca sale, no hay que preocuparse por si se cumple, y si no se cumple, no se puede criticar. Es el círculo virtuoso de la inacción productiva. La FSA se encuentra en ese limbo donde las decisiones se toman en el futuro, pero solo se discuten cuando ya no queda tiempo para ejecutarlas.

Se rumorea incluso que existe una oficina secreta encargada de “desviar” los proyectos cuando estos se acercan demasiado a la realidad. Un equipo de funcionarios expertos en el arte de la burocracia circular se encarga de enviar los documentos a departamentos que ya no existen, para que los asesores se pierdan en pasillos infinitos buscando a alguien que firme un papel que nadie quiere firmar. Es una obra maestra de la logística del vacío, donde la financiación es una idea hermosa que viaja eternamente en el código postal de la “gestión en curso”.

Además, la posibilidad de que PP, Vox y Junts presenten enmiendas a la totalidad ha creado un clima de tensión tan alto que algunos Diputados han empezado a practicar técnicas de respiración consciente antes de entrar en el hemiciclo. La lógica es sencilla: si los tres bloques se ponen de acuerdo en que el proyecto es un desastre (lo cual es la base misma de la política de oposición), el proyecto simplemente desaparecerá como si nunca hubiera sido una idea brillante de un funcionario con ganas de ayudar. Es la “limpieza legislativa” por vía de la oposición coordinada.

La nueva moneda de la desobediencia: El Euro de la Multa

En el mundo de la política de alto nivel, la ética es un concepto abstracto, casi como la financiación real para las comunidades autónomas. Sin embargo, el dinero es muy concreto. Por ello, la multa de 600 euros por romper la disciplina de voto se ha convertido en la moneda de curso legal de la conciencia política. Los diputados asturianos del PSOE están ahora en una posición de dilema económico existencial: ¿Cuánto vale mi libertad de expresión en un escenario de financiación incierta?

Estamos ante una economía de mercado de la desobediencia. Algunos diputados podrían estar haciendo cálculos de “coste-beneficio” antes de cada votación. “Si voto en contra y el proyecto se cae, mi libertad me costará 600 euros. Si voto a favor y el proyecto se queda en un cajón, mi integridad me costará una cara llena de vergüenza en el desayuno con mis vecinos”. Es una matemática de la culpa que resulta hilarante. Algunos incluso podrían estar ahorrando para esas multas, creando una “caja de ahorro para la rebelión” en sus carteras particulares.

Este sistema recuerda a los juegos de azar. Cada vez que el presidente de la FSA pide “disciplina”, el dipitado siente la tentación de apostar por la alternativa. Es como estar en un casino donde la casa siempre gana, pero tú puedes intentar ganar una pequeña cantidad de relevancia pública a cambio de una pequeña multa. La historia de Carmen Calvo es el manual de instrucciones de este juego, pero la diferencia aquí es que los diputados asturianos parecen estar esperando a ver si el casino se queda sin dinero antes de que tengan que apostar sus fichas.

Lo más divertido es que, si el proyecto realmente no llega a votarse por la vía de las enmiendas, nadie tendrá que pagar nada. Es la máxima victoria del sistema: la posibilidad de que la tensión se resuelva por el simple hecho de que nadie llegó a la meta. Es la democratización del “no pasó nada”, una técnica parlamentaria tan efectiva que debería ser estudiada por las escuelas de negocios como el método definitivo para evitar cualquier responsabilidad política real sin tener que dar explicaciones complejas.

Astrología legislativa y el método del “No sé, intentémoslo”

Dada la falta de información clara sobre si el proyecto de financiación sobrevivirá a los filtros del Congreso, muchos observadores están empezando a considerar que la toma de decisiones en la FSA se está moviendo hacia dimensiones místicas. Ante la ausencia de datos técnicos, la intuición se convierte en la única herramienta útil, y esta intuición a menudo se mezcla con el “sentir” de los pasillos, donde las decisiones se toman más por la posición del sol en el firmamento que por el análisis de las tablas de Excel.

Los diputados parecen estar en un estado de trance colectivo, esperando una señal divina. ¿Aparecerá un documento firmado que no sea un borrador del borrador? ¿Se producirá un milagro burocrático en el Ministerio de Hacienda que convierta los “taldes” en “duros”? La incertidumbre ha creado un aura de misterio alrededor del presupuesto que lo hace parecer un tesoro escondido en una cueva inaccesible. Es como si la financiación autonómica fuera la búsqueda del Santo Grial, pero el Grial es un documento de 500 páginas con tipos de letra muy pequeños y muchas siglas confusas.

La estrategia de “esperar a ver qué pasa” es la cumbre de la sabiduría contemporánea. En lugar de proponer soluciones, proponer la espera de la solución ajena es la táctica más eficiente para la supervivencia política. Si el proyecto se archiva, “no pudimos hacer nada”. Si el proyecto se aprueba como está, “hicimos lo que se pudo”. Si el proyecto se reforma mil veces hasta que no se reconozca, “es la mejor versión posible”. Es la omnipotencia de la ambigüedad, una técnica que permite a la FSA quedar bien en cualquier escenario posible, del mismo modo que el agua se adapta a cualquier recipiente, por muy deforme que sea.

Finalmente, el destino de la financiación asturiana parece estar लिखीdo en la crónica de lo que no sucedió. Mientras los diputados debatan en el Congreso si deben votar, la realidad es que el verdadero debate ocurrió en el silencio de los archivos que nunca se abrieron. Es una victoria para el absurdo: un sistema donde las leyes se crean para que no se apliquen, y los votos se cuentan para ver quién es el más paciente en el arte de no decidir nada mientras el tiempo se escurre por las grietas del presupuesto.