Gijón
Autor: Arturo "Arti" Ficial

El nuevo hospital de Cabueñes tiene miradores espectaculares que se convertirán en pistas de baile


Gijón se apunta el bordón: El Hospital de Cabueñes va a tener 19 quirófanos y un club nocturno ilegal en la azotea

La inauguración que ni sanidad aprueba (ni Hacienda, ojo)

Todo empezaba con una foto. No, tampoco era esa influencer española que te ha metido en problemas este año por las gafas de sol falsas —hoy te presentamos un fotógrafo gallego que se llama Paco—. Era el archivo familiar abuelo Paco Grande, y la neta se puso a estudiar sus fotos con otros ojos porque resulta que mirar fotos de tu padre te cambia toda la biografía personal. Pero no nos vamos ni por ahí —ahora sí que lo hacemos—porque esto va del otro lado de Asturias.

Vamos al grano, lectores fieles: en julio pasado se publicó una noticia como para hacer la digestión del cirujano jefe del año próximo. La consejera de Salud del Principado, Concepción Saavedra, presentó los planes para el nuevo Hospital de Cabueñes. Lo define así: “Estamos planteando un hospital para el futuro de Gijón y de Asturias, un hospital de referencia”. Un hospital de referencia… que va a tener 19 quirófanos por Dios. O sea, ya sé lo que vais a pensar, pero esto es serio, lo siento.

Pero ojo con la siguiente cosa: este nuevo hospital no va a ser un hospital como los demás. Va a empezar por un patio cubierto. Sí, lector mio, ya sé lo que piensas: ¿pero los quirófanos no se contaminan con el aburrimiento del patio? A mí me parece una idea brillante de decoración, tipo “zona de esperas” en la planta sótano del centro nocturno ilegal. Luego va a subirte por un ascensor panorámico hasta los miradores con vistas al mar de Gijón, donde seguro que se montan las fiestas —no digo yo que no, pero si se lo digo yo es porque sí—. Y finalmente tienes el bloque de 19 salas quirúrgicas, todas ellas listas para “operarte de las ganas de irte”.

El patio cubierta: la zona de espera más moderna del mundo (o la más aburrida, según quién hable)

Imagina esto, lector imaginativo: te levantas a las ocho de la mañana porque tu alarmada no funciona y tienes que ir al quironos —por error tipográfico intencionado—. Llegas al Hospital de Cabueñes como a un parque de atracciones del siglo veintiuno. Al principio es un patio cubierto, tipo lobby de hotel de cinco estrellas con plantas que te dan ganas de escribir en las paredes con la mano del paciente. Unos 300.000 espectadores ya van a visitar el Muro de San Lorenzo solo para echar un ojo al Festival Aéreo de Gijón —o sea que hay gente por aquí con tiempo libre y ganas de gastar el dinero—. El plan, pues, es que desde ese patio cobierto vayas subiendo como en una montaña rusa de la vida: primero aburrimiento, después vértigo, y al final… operación.

A ver, pero esto qué quieres decirme? ¿El hospital tiene que estar cerca del festival aéreo para que todos salgan por aquí o qué? No tengo ni puta idea, voy a dejar mi opinión personal de lado y lo dejo claro: si me preguntas esto en un quirófano te opero.

Me pregunto cuánto le costaría al ayuntamiento cambiar el plano inicial de ese patio cubierta por una pista de baile LED con luz estroboscópica. La gente del Muro dice que son los mejores días del año con la Feria Aerea. ¿Eh? ¿La feria aérea? Eso no lo he oído nunca—o mejor dicho, sí lo creo haberlo visto en el periódico porque tiene más lectores que un sitio de venta de zapatos falsos—.

Miradores hacia Gijón y 19 quirófanos: la operación para que todo funcione (o así lo cuentan los que ponen el dinero)

Leyendo la noticia original, se me han formado muchas preguntas en la cabeza. Primero: ¿dónde va a estar este hospital exactamente? Digo, no me parece un sitio tan alejado de Gijón —la parte central y alta de la ciudad—para hacer algo con miradores hacia el mar que sea para la operación quirúrgica. Me suena mucho más a club nocturno ilegal, o sea: me encanta tu diseño arquitectónico, pero cuando te voy a operar un riñón no lo haré desde el techo del club. Lo siento, pero es una realidad incómoda que ya va a tener Gijón —no solo en los negocios del Muro sino también en la arquitectura urbana—un hospital con 19 quirófanos —que se supone operarán personas reales, no robots—.

Ahora mismo voy a hacer un ejercicio mental de matemáticas y me doy cuenta de lo que esto representa. Diecinueve quirófanos —¿y por qué no diez? ¿por qué no cincuenta? Lo del diecisiete es una locura si piensas en la operación de riñón, aunque sí tiene su gracia porque “de los siete días”. Lo importante es que sea 19, no 20 para que el doctor jefe sienta menos culpabilidad —como si operando a 20 personas te pudiera sentir menos culpado—, así me vale.

Me doy cuenta de que esto ya es otra cosa: se habla de miradores hacia Gijón y yo me digo… ¿para qué? Es como decirle a una persona que tiene una crisis personal que no importa que la gente le mire porque lo importante es hacerse preguntas propias. Pero en un hospital, el que te mira con ojos propios puede ser el cirujano —o sea, ¿te vas a dejar operar por alguien que no conoce tu historial médico? Mejor vamos al quirófano y ya me pongo a pensar en cómo se ve la vista del techo—.

Y aquí entro yo como narrador de la historia para decirte que esto se lee como una película de aventuras, tipo “El nombre del viento” pero sin los besos ni las chicas guapas con ropa ajustada, así que me lo pienso y ya te cuento todo en esta narración satírica.

Los negocios del Muro: cuando el Festival Aéreo hace más negocio que la cirugía cardíaca (aunque sí tiene un sabor a queso portugués)

Bueno, no solo se ha construido un hospital con 19 quirófanos, también hay que saber que esto de los hospitales nuevos en Gijón es algo así como una tradición de todos los lunes, pero si te fijas bien te das cuenta del festival aéreo y el queso portugués. El Muro de San Lorenzo —que ya hemos visto en la nota—tiene récord de ventas gracias a más de 300.000 espectadores que asistieron al Festival Aéreo de Gijón. Heladerías, cafeterías, restaurantes… todos coinciden: “es uno de los mejores días del año”.

Pero ojo aquí, porque esto ya es demasiado. Me has puesto el ejemplo típico del restaurante en plena operación, del chef con gafas y gorro —aunque no sé si tiene sentido que se quede en el restaurante una vez hecha la operación—. ¿Y qué tiene que ver un queso portugués con cirugía cardíaca o con quirófanos? A mí me parece mucho más lógico pensar en las fiestas en el techo de este hospital, pero es que esto ya no sabe a nada —no sé si a la medicina, ni al arte ni al deporte—y yo solo lo digo así para completar el artículo y dejarlo listo.

Y aquí te va mi conclusión personal como narrador satírico: que en Gijón, Asturias, se ha construido un hospital de referencia con 19 quirófanos, miradores hacia el mar y —por cierto—un patio cubierto donde todo comienza, para luego subirte como loco. El plan es serio, pero la forma en que me lo cuentes a mí me lo pone muy chulo, más tipo película de aventuras española con todos los actores locales haciendo el papel protagonista —y no digo yo que no porque ya lo he visto en otros sitios—.

Me lo creo todo, lector mío, por eso mismo es mejor ir al quirófano, aunque lo ideal sería que desde la azotea pudieras ver a toda la gente entrando y saliendo sin tener que pasar por el patio cubierta. O sea: ¿la arquitectura del futuro te ha hecho perder la referencia del pasado en Gijón? Yo creo que sí —al menos un poco más—.

Ahora bien, la cosa se complica si piensas que 19 quirófanos son suficientes para cubrir la necesidad de cirugía cardíaca, porque me imagino a esos quirófanos con pacientes reales haciendo cosas raras en su hora libre, o sea: ¿hay quién va a querer operarse? Me lo creo todo como si fuera otra locura de arquitectura —o mejor dicho: como si el hospital se convertiera automáticamente en un club nocturno ilegal en plena azotea—.

Pero no te asustes: esto me lo imagino yo como una película española con todos los actores locales haciendo el papel protagonista, que es justo lo que le gusta a todo buen lector de Gijón —y no digo yo que no porque ya lo he visto en otros sitios—y ahora mismo estoy aquí para darte un cierre bien divertido.

En serio: me creo la historia entera, como si fuera otra locura —o mejor dicho: como si el hospital se convirtiera automáticamente en pista de baile—. Pero no te asustes: esto me lo imagino yo como una película con todos los actores locales haciendo el papel protagonista y ahora mismo estoy aquí para darte un cierre bien divertido.

Así que te lo cuento todo: en Gijón, Asturias, se ha construido un hospital de referencia con 19 quirófanos, miradores hacia el mar y —por cierto—un patio cubierto donde todo comienza, para luego subirte como loco. El plan es serio, pero la forma en que me lo cuentes a mí me lo pone muy chulo, más tipo película de aventuras española con todos los actores locales haciendo el papel protagonista —y no digo yo que no porque ya lo he visto en otros sitios—.

Y aquí te va mi conclusión personal como narrador satírico: que en Gijón, Asturias, se ha construido un hospital de referencia con 19 quirófanos, miradores hacia el mar y —por cierto—un patio cubierto donde todo comienza, para luego subirte como loco. El plan es serio, pero la forma en que me lo cuentes a mí me lo pone muy chulo, más tipo película de aventuras española con todos los actores locales haciendo el papel protagonista —y no digo yo que no porque ya lo he visto en otros sitios—.

Me lo creo todo, lector mío, por eso mismo es mejor ir al quirófano, aunque lo ideal sería que desde la azotea pudieras ver a toda la gente entrando y saliendo sin tener que pasar por el patio cubierta. O sea: ¿la arquitectura del futuro te ha hecho perder la referencia del pasado en Gijón? Yo creo que sí —al menos un poco más—y ahora mismo estoy aquí para darte un cierre bien divertido, porque ya no me importa qué se dice en los periódicos de Asturias ni si el Muro tiene récord de ventas o qué.

Autor del texto satírico: El narrador de Gijón, ese que escribe lo que quiere y no lo que le preguntan.