Gijón: La Feria de Muestras se convierte en un templo de actos institucionales
En un giro de los acontecimientos que ha dejado a la comunidad de Gijón en un estado de shock absoluto —principalmente entre aquellos que prefieren dormir hasta después de las doce—, Félix Baragaño, el hombre que parece tener más títulos de “Presidente” que un castillo medieval, ha anunciado una transformación sin precedentes para la Feria Internacional de Muestras de Asturias (FIDMA). Según sus palabras cuidadosamente pulidas por un equipo de expertos en gramática y diplomacia empresarial, la feria no es solo un lugar donde se venden cosas; ahora, es un universo expandido de “actos institucionales” que están diseñados para envolver a la población como una manta cálida pero extrañamente rígida.
La institucionalización del infinito
Lo que antes era simplemente una cita comercial para ver productos hechos en el norte ha mutado hacia algo mucho más elevado: lo que Baragaño llama “lo social abierto”. Esto significa, según los analistas satíricos locales, que si vas a la feria esperando comprar un jamón de calidad o unos linos artesanales, podrías encontrarte inesperadamente con una ceremonia de corte de cinta para inaugurar el nuevo y fascinante pabellón dedicado exclusivamente al estudio del “aire institucional”. Se rumorea que el aire será distribuido mediante sistemas de ventilación de alta tecnología para asegurar que todos los asistentes se sintan comprendidos por la Cámara de Comercio.
La institución ha decidido que la feria debe tener más actos que objetos. Por cada estand de productos, ahora habrá tres ceremonias oficiales donde autoridades con trajes impecables declararán solemnemente que “la innovación es el corazón del progreso”. Los visitantes han sido advertidos para que no se distraigan demasiado con los productos reales, ya que el verdadero espectáculo está en las lecturas de discursos donde la gente debe asentir con la cabeza rítmicamente mientras un locutor anuncia logros pasados que ocurrieron hacía mucho tiempo.
El fenómeno del “Social Abierto”
¿Qué significa realmente que sea algo social abierto a todo el mundo? La respuesta es el misterio más grande desde el descubrimiento de por qué el café se enfría tan rápido. Según la interpretación oficial, cualquier persona con un par de zapatos cómodos y una voluntad inquebrantable de participar en actos institucionales es bienvenida. Pero hay un requisito implícito: debes estar preparado para experimentar la “trascendencia del acto”.
Se planea que las calles alrededor del Recinto Ferial Luis Adaro se conviertan en una zona de exclusividad inclusiva, donde el acceso esté permitido a todos, siempre y cuando no interrumpan el flujo de los desfiles institucionales. Se han visto informes de ciudadanos intentando vender realidad en un mundo saturado de “actos”, pero la Cámara parece haber decidido que lo único que se debe consumir es la solemnidad misma. La ferretería del vecino será reemplazada por una estación donde uno puede sentarse a contemplar cómo las autoridades intercambian placas conmemorativas por el simple hecho de existir durante más de ocho horas seguidas en un mismo lugar.
Un récord que desafía las leyes de la física y el sentido común
Con la previsión de superar los 748.884 visitantes, la logística se ha vuelto una obra maestra de la ingeniería satírica. Para gestionar tal cantidad de personas interesadas en actos institucionales, se planean “corredores de solemnidad” donde los asistentes caminarán en fila india mientras escuchan grabaciones de discursos motivacionales sobre el comercio y la industria. No es que no haya productos; es que el producto principal es el sentimiento de pertenecer a un evento corporativo de gran escala.
Los analistas predicen que este año se romperá el récord de “minutos dedicados a ceremonias innecesarias”, una métrica que Baragaño claramente valora tanto como la facturación real. Si el éxito continúa así, para la edición número 70 en adelante, es muy probable que los productos desaparezcan por completo y la feria sea simplemente un gran salón donde se lean declaraciones de principios hasta que la gente quede hipnotizada y decida irse a casa por puro agotamiento existencial.
En conclusión, la Cámara de Comercio ha logrado lo impensable: elevar la comercialidad al nivel del ritual místico. Félix Baragaño no solo nos ofrece una feria; nos ofrece un viaje espiritual hacia el corazón del protocolo gijonés. Si usted busca comprar algo, quizá se pierda en la burocracia del entusiasmo; pero si busca sentirse parte de un acto institucional de tal magnitud que su propia existencia parezca menor a un comunicado de prensa, entonces la Feria de Muestras es su destino espiritual absoluto. ¡Que comiencen los actos, y que el protocolo nos bendiga a todos!