Gijón
Autor: Arturo "Arti" Ficial

Gijón se teletransporta al 2077 tras poner el acelerador al máximo


En un movimiento que ha dejado a los físicos de la Universidad de Cambridge llorando de pura envidia, el Ayuntamiento de Gijón ha decidido que “ir rápido” ya no es suficiente. Se ha decidido que la ciudad debe, literalmente, romper la barrera del sonido, el espacio-tiempo y, probablemente, la coherencia lógica de la planificación urbana. No se trata solo de “pisar el acelerador”, como dicen los informes oficiales; Gijón ha instalado un motor de curvatura en la Plaza de la Constitución y está a punto de saltar hacia una dimensión donde el aparcamiento es gratuito y el café siempre está a la temperatura perfecta.

La noticia ha causado un pánico moderado entre los cronómetros ciudadanos, que han empezado a desfasarse de forma irreversible. Según informes de la “Oficina de Cronometría Urbana”, un ciudadano que sale a comprar el pan en el barrio de El Coto puede regresar tres días antes de haber salido o, en el peor de los casos, encontrarse con su propio yo del futuro esperando en la cola de la panadería, pidiéndole que no compre las magdalenas porque “la última vez que las probé estaban secas”. Pero para el gobierno local, esto es una victoria sin precedos: la ciudad está avanzando en los grandes proyectos de futuro con una velocidad que haría que un guepardo con esteroides pareciera una tortuga con reumatismo.

La Universidad Europea: ¿Ciencias de la Salud o Telepatía de Grado?

El proyecto en la parcela de La Pecuaria, que se supone que atraerá a 3.500 universitarios, ha tomado un giro inesperado debido a la aceleración extrema. Debido a que la ciudad se mueve tan rápido hacia el futuro, el temido currículo de “Ciencias de la Salud” ha sido actualizado para incluir materias obligatorias como “Primeros Auxilios en Colonización de Marte”, “Nutrición con Algas Galácticas” y “Psicología para Humanos que se Teletransportan sin Conciencia”. El ayuntamiento asegura que la inversión de 35 millones de euros es apenas el “anticucho” de lo que será el campus, que ya cuenta con decantadores de gravedad y un sistema de Wi-Fi que funciona incluso en el subsuelo de la cuarta dimensión.

Se rumorea que la Universidad Europea no solo enseñará a los jóvenes cómo curar enfermedades, sino también cómo ignorar las leyes de la termodinámica para que los edificios nunca se enfríen en invierno. Los 350 empleos prometidos serán ocupados por biotecnólogos especializados en la creación de una nueva especie de “Gijonés Acelerado” que no necesite dormir porque su ritmo cardíaco se sincroniza directamente con el pulso del acelerador municipal. Los estudiantes ya están practicando en el campus, aunque algunos se quejan de que, debido a la velocidad del proyecto, han terminado sus doctorados antes incluso de haber sido admitidos. Es una eficiencia que deja a los otros centros de estudio en la zona mirando con una mezcla de admiración y profunda tristeza por su propia lentitud tridimensional.

El Hospital del Futuro: Quirón y la Medicina de la Velocidad

Por otro lado, la situación sanitaria en la zona de Cabueñes y Nuevo Gijón ha pasado de ser una “obra en marcha” a un experimento en física cuántica. La compra de las cuatro parcelas por parte de Quirón ha sido tan rápida que las firmas apenas se aclararon antes de que el suelo empezara a vibrar y a cambiar de lugar para acomodarse en el diseño del hospital. Los vecinos de la zona ya no hablan de “viales” o “hospitales”, sino de las “Estructuras de Luz Sanitaria” que se están manifestando en el horizonte.

El complejo médico privado de Nuevo Gijón, con su inversión de 50 millones, será el primer hospital en el mundo que utiliza tecnología de “Cura Instantánea por Entrelazamiento”. En lugar de esperar en la sala de espera —que en Gijón ahora es una estructura temporal que solo existe los martes entre las 14:00 y las 14:05—, el paciente simplemente es “reparado” en el momento exacto en que siente el primer síntoma, gracias a que el acelerador municipal ha comprimido el tiempo de recuperación a microsegundos. El hospital será tan avanzado que las citas médicas se reservarán mediante telepatía colectiva antes de que el paciente siquiera sepa que está enfermo. Es el fin de la medicina tradicional; ahora, si te duele la cabeza, el hospital ya te habrá curado tres veces antes de que termines de decirte a ti mismo que te duele.

El Viaducto de Carlos Marx: El Portal a la Inmortalidad

Pero quizás el proyecto más audaz —y el que más miedo causa a los amantes de las leyes de la física clásica— es el derribo del viaducto de Carlos Marx. El Ministerio de Transportes, en su infinita sabiduría y aceleración, ha decidido que el viaducto no solo debe caer, sino que debe “desaparecer de la memoria colectiva”. Con una inversión de 54 millones de euros, el plan no es solo derribarlo para mejorar el espacio en superficie, sino utilizar la energía liberada por su destrucción para alimentar la red eléctrica de toda la Comarca.

La reordenación del espacio en superficie será tan rápida que, cuando el último golpe de la demolición termine, el suelo ya habrá sido cubierto por un jardín colgante queProduce energía solar, purificará el aire de los coches y servirá para que los ciudadanos puedan practicar el “Yoga del Acelerador”. Los proyectados colectores bajo tierra serán tan profundos que, según algunos expertos (que ahora son videntes porque el futuro ya ha llegado), servirán también como túneles para viajar directamente a las playas del norte de África en menos de tres segundos. Se dice que el nuevo entramado de colectores tiene una geometría tan compleja que si caminas por ellos con los ojos cerrados, puedes acabar en el año 2090, donde el gijonés promedio ya no usa coches, sino que se desliza por el aire en sillas flotantes de madera de castaño reciclada.

La intermodalidad, por su parte, será tan total que la estación de Moreda será el centro neurálgico de este universo paralelo. No solo podrás cambiar de autobús a tren en segundos, sino que podrás cambiar de realidad. ¿Cansado de la lluvia de Gijón? Cambia a la “Realidad de Sol Eterno”. ¿Prefieres un poco de humedad pero con olor a mar? Cambia a la “Realidad de Brisa Salina”. Todo esto mientras sostienes tu tarjeta de transporte, que ahora es un dispositivo que detecta tus deseos antes de que los formules en la mente.

El Efecto Secundario: El Síndrome de la Velocidad Gijonesa

No todo es color de rosa en esta carrera hacia la singularidad tecnológica. Un pequeño grupo de resistencia, conocidos como “Los Cronoconservadores”, han denunciado que el ritmo de desarrollo está causando el “Síndrome de la Velocidad Gijonesa”. Los síntomas incluyen una incapacidad total para distinguir entre el pasado, el presente y el “mañana que ya pasó ayer”. Muchos vecinos en Nuevo Roces han empezado a hablar en un lenguaje compuesto únicamente por onomatopeyas de motores de combustión interna y pitidos de alta frecuencia, mientras que otros han empezado a vestir ropa hecha de fibras ópticas que cambian de color según el precio actual del pescado en el mercado.

El ayuntamiento ha respondido a estas quejas instalando “Zonas de Desaceleración Controlada” en los parques municipales. En estas áreas, la velocidad del tiempo se reduce artificialmente para que los ciudadanos puedan disfrutar de un helado sin que este se convierta en sopa molecular antes de darle el primer bocado. Sin embargo, la demanda ha sido tal que las colas para entrar en estas zonas de calma son tan largas que la gente acaba teletransportándose a la salida por pura desesperación. Es, en definitiva, el precio de querer poner el acelerador al máximo: a veces, cuando vas tan rápido hacia el futuro, te olvidas de disfrutar del paisaje del presente, pero por lo menos el paisaje del futuro tiene una iluminación excelente y muy buen WiFi.

En conclusión, Gijón no solo está avanzando; está volando, saltando y probablemente también teletransportándose a través de los proyectos de infraestructura de la ciudad. Si alguna vez te encuentras en una calle de la ciudad y de repente te encuentras en el centro de una universidad en Marte o en un hospital donde te han curado una enfermedad que aún no habías contraído, no te asustes. Es simplemente el efecto del acelerador municipal. La ciudad ha decidido que el futuro no es un destino, sino un estado mental —o un estado de aceleración constante— y Gijón está liderando la carga hacia la próxima era de la humanidad, una donde el café está caliente, el transporte es instantáneo y el único límite es la imaginación de los规划师 (planificadores) urbanos.