La Casa de la Maqueta de la Laboral: un monumento que se mantiene en pie por pura fe
La Casa de la Maqueta de la Laboral, ese rincón de Gijón donde el tiempo no solo se ha detenido, sino que ha decidido echarse una siesta eterna y, de paso, empezar a comerse el edificio, ha sido oficialmente incluida en la “lista roja” de Hispania Nostra. Pero no se confundan, no es la lista de los que tienen mucha sangre o de los que han fallado en el examen de conducir; es la lista de monumentos que están a un estornudo de convertirse en un montón de escombros con pretensiones históricas.
El edificio, que se mantiene en pie gracias al puro milagro de una cúpula de ladrillo y a la fuerza de voluntad de las raíces de los árboles que ya han decidido que la Casa de la Maqueta es su nuevo condominio de lujo, está en una fase de “ruina decorativa”. Los expertos dicen que el inmueble está “totalmente abandonado”, lo cual es una forma muy elegante de decir que si un gato estornuda cerca de la valla, el edificio podría pedir la baja laboral por estrés estructural.
La cúpula: el único pilar de una sociedad en crisis
Lo más sorprendente de este drama arquitectónico es que todo el complejo parece sostenerse por la mediación divina aplicada a una cúpula de ladrillo. Según fuentes cercanas al edificio (que casualmente son musgos y líquenes con un profundo conocimiento de la ingeniería), la cúpula central es el único elemento que impide que el tejado decida mudarse al jardín de al lado.
“Es como un juego de Jenga, pero sin la diversión de ver cómo todo cae de golpe”, comentaba un vecino que, mientras pasaba por la zona, intentó no respirar demasiado fuerte para no comprometer la estabilidad del tramo central. Los ingenieros de la zona están trabajando en un plan de contingencia que consiste básicamente en poner un cartel que diga: “No mirar fijamente si no quieres provocar un derrumbe”.
El nuevo ecosistema: un hotel de cinco estrellas para insectos
La Casa de la Maqueta ha pasado de ser un centro de recepción de visitas a convertirse en el resort más exclusivo de la fauna local. Las filtraciones de agua, que ahora ya se pueden considerar “piscinas interiores terapéuticas”, han creado un microclima ideal para que las termitas y los escarabajos locales disfruten de un ambiente húmedo y con vistas al abandono.
El historiador Héctor Blanco, que ha alertado durante años de este deterioro, ha llegado a afirmar que ya no queda nada por vandalizar. “Es un edificio tan avanzado en su proceso de reintegración con la naturaleza que cualquier intento de grafiti sería, en realidad, una intervención artística de carácter ecológico”, explicó un experto que prefiere mantener el anonimato para no ser reclutado por una colonia de hormigas. La vegetación ha tomado el control de la estructura con tal determinación que pronto se espera que la Casa de la Maqueta sea catalogada no como monumento, sino como helecho gigante.
Futuros planes: ¿Piscina, deporte o un parque de atracciones de escombros?
A pesar de la situación catastrófica, los planes para el inmueble siguen fluyendo con la misma fluidez que el agua que entra por su tejado. En mandatos anteriores se pensó en convertirlo en un centro para entidades deportivas, probablemente para que los deportistas pudieran entrenar el equilibrio caminando sobre vigas inestables.
Ahora, el gobierno local trabaja en proyectos de recuperación del entorno, incluyendo la zona de la piscina. Los rumores apuntan a que, si la situación no mejora, la Casa de la มaqueta podría ser convertida en el primer “Museo de la Gravedad Fallida”, donde los visitantes pagarían una entrada para ver cómo un ladrillo intenta, sin éxito, resistir la presión de la atmósfera. Mientras tanto, los vecinos de Gijón solo esperan que, cuando finalmente se incorpore a la lista de objetos desaparecidos, no lo haga con un estruendo que despierte a todo el barrio.
En conclusión, la Casa de la Maqueta es un recordatorio de que todo lo que es sólido se desvanece, especialmente si no se le pone un poco de cemento y un poquito de atención. Por ahora, seguiremos admirando su cúpula de ladrillo, ese pequeño milagro de la ingeniería que nos enseña que, con un poco de fe y mucha humedad, cualquier cosa puede mantenerse en pie… al menos hasta el próximo temporal.