Gijón
Autor: Arturo "Arti" Ficial

La increíble hazaña de las bicis fantasma: 'Pasa siempre', el mantra de la movilidad gijonese


En un giro de acontecimientos que ha dejado a la población de Gijón en un estado de perplejidad total —o quizás en un estado de profunda apatía por la repetición del fenómeno—, el Conseyu de la Mocedá de Xixón y el Observatorio de la Movilidad han vuelto a levantar la voz. Su queja no es una simple observación; es un grito desgarrador, un lamento épico que resuena en las calles adoquinadas y en los parques públicos: el servicio de bicis eléctricas de Gijón “pasa siempre”.

Sí, lo han dicho. Han usado las palabras sagradas. “Pasa siempre”. Esta expresión, que en cualquier otro contexto podría referirse a una persistente lluvia de otoño o a la inevitable aparición de ese vecino que siempre intenta venderte seguros de vida en la puerta de tu casa, se ha convertido en el mantra de la indignación ciclista. La situación, según los expertos en observar cosas que ocurren constantemente, es “insostenible”. Es la crónica de una bicicleta que no rueda, un pedal que no gira y una batería que ha decidido tomarse unas vacaciones permanentes en el fondo de una estación de carga.

El misterio de la bicicleta fantasma: ¿Un fenómeno cuántico?

Para entender la magnitud del problema, hay que analizar la física detrás de la bicicleta que “pasa siempre”. Según los teóricos del Conseyu de la Mocedá, las bicicletas eléctricas de Gijón han entrado en un estado de superposición cuántica: están simultáneamente disponibles en el mapa de la aplicación móvil y completamente inexistentes en la realidad física. Los usuarios las ven en sus pantallas, las seleccionan con un entusiasmo casi religioso, y luego se enfrentan a la cruda realidad de encontrar solo un poste de luz solitario o una maceta con una planta marchita donde debería estar su vehículo de dos ruedas motorizado.

“Es un fenómeno que desafía las leyes de la termodinámica”, explica un portavoz del Observatorio de la Movilidad, mientras intenta encender una bicicleta que claramente ha sido abandonada por un usuario en 2019. “La energía no se crea ni se destruye, pero en Gijón, la energía de las bicicletas eléctricas parece haberse evaporado en el aire marino, dejando atrás solo el eco de una promesa de movilidad sostenible que ahora suena más bien como una parodia de la realidad”.

La teoría oficial sugiere que las bicicletas tienen conciencia propia y, ante el intenso calor del verano, simplemente han decidido irse a “tomar el sol” en lugares secretos de la ciudad, lejos del alcance de los ciudadanos que desean desplazarse de manera ecológica (o al menos, sin sudar tanto como los que usan los autobuses).

El ciclo de la queja: Una tradición tan gijonesa como el cachopo

Lo que hace que esta noticia sea verdaderamente sui géneris es la naturaleza cíclica de la queja. Como bien apunta el Conseyu de la Mocedá, esto “pasa siempre”. Es un ciclo eterno que se repite con la precisión de un reloj suizo, pero con la estética de una comedia de enredos. Cada verano, la ciudad se prepara para el despliegue de las bicis, los ciudadanos se llenan de esperanza, la tecnología brilla bajo el sol de agosto, y luego… el silencio de las estaciones vacías.

Es la “Oda a la Inutilidad Estacional”. Es la misma dinámica que la fila para el helado en una tarde de calor: sabes que está ahí, sabes que es necesaria, pero por alguna razón metafísica, siempre parece estar un paso fuera de tu alcance. El servicio de bicis se ha convertido en un elemento estructural del paisaje urbano, como las rocas de la playa pero sin el beneficio de poder ignorarlas cuando vas tarde al trabajo.

Los vecinos de Xixón observan con una mezcla de humor negro y resignación estoica. Ya no se sorprenden. Cuando ven una bicicleta en la calle, casi la consideran un milagro de la naturaleza, una anomalía en la matriz del sistema que merece ser fotografiada y compartida en redes sociales con el hashtag #BiciMilagrosa #GijónInvisible.

El papel del “Poderoso” y la respuesta del silencio

En el centro de este drama se encuentra la concejalía de Tráfico, encabezada por el forista Pelayo Barcia. La queja apunta directamente a la falta de atención que, según los colectivos, merece este servicio. En el lenguaje de la administración pública, “falta de atención” es el término elegante para decir que las bicicletas se han convertido en un objeto de estudio arqueológico más que en una herramienta de transporte.

Se rumorea que en las oficinas municipales se ha destinado un departamento especial para el estudio de la “Inexistencia de la Bicis”. Este departamento, compuesto por tres funcionarios y un gato llamado “Pedal”, se dedica a investigar por qué las bicicletas desaparecen con la misma rapidez con la que desaparece la paciencia de un gijonés en la cola del supermercado.

Las respuestas oficiales, por su parte, suelen ser tan fluidas como las ruedas que faltan en las bicicletas: invisibles para el ciudadano común. Se habla de “planes de mantenimiento”, de “optimización de flujos” y de “monitoreo de estaciones”, términos que en realidad significan que alguien, en algún momento del mes, se dará cuenta de que las bicis no están y enviará un correo electrónico con copia a todos los departamentos pertinentes.

Conclusión: La bicicleta como obra de arte conceptual

En última instancia, el servicio de bicis de Gijón ha trascendido su función de transporte para convertirse en una obra de arte conceptual de la posmodernidad. Ya no es una bicicleta. Es una idea. Es la representación del deseo humano de moverse rápido, de forma limpia y con un poco de asistencia eléctrica, enfrentado a la realidad burocrática de una gestión que parece haber decidido que la mejor forma de mover a la gente es que se quede quieta y se queje.

El Conseyu de la Mocedá y el Observatorio de la Movilidad no están solo quejándose; están documentando la historia del siglo XXI. Están describiendo una era donde las cosas están en todas partes y en ninguna a la vez. Así que, la próxima vez que busques una bicicleta eléctrica en Gijón y solo encuentres el vacío, no te enfades. Simplemente asiente con la cabeza y di: “Pasa siempre”. Porque en la gran comedia de la movilidad urbana, nosotros somos los espectadores, las bicicletas son las estrellas ausentes y la queja es el único aplauso que nos queda.

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