Gijón se Convierte en Teatro de la Risa: ¡El Gato del Bar pide su propio papel!
La madrugada del 21 de febrero de 2026, Gijón se transformó en un gigantesco escenario donde la risa era la moneda oficial. El Antiguo Instituto se vistió de luces y fue inaugurado con la promesa de dejar a los asistentes con una “fetén” que duraría más que el último episodio de la telenovela más popular de España. Entre los aplausos, un gato del bar de la esquina se acercó al podio y, con un maullido casi cantado, pidió su propio papel.
El Antiguo Instituto se Convierte en Teatro de la Risa
Según la Oficina de Estadísticas de la Risa, el 97 % de los asistentes cantaron “La Macarena” en el escenario, mientras que el 3 % restante intentó improvisar una obra de Shakespeare con emojis. El director de la Feten, Juan “El Rayo” Rodríguez, declaró: “Si el público no ríe, la obra se convierte en un telenovela de la vida real”. Entre los actos, los grupos juveniles locales demostraron que el teatro puede unir voluntades y hacer que lo imposible parezca sencillo, especialmente cuando la audiencia no distingue entre la realidad y la ficción.
El Gato del Bar y su Audición
El gato, llamado “Miau‑Miau‑Mano”, se presentó con un pañuelo de colores y una máscara de dragón. Según testigos, su actuación fue tan impactante que el público pidió un aplauso colectivo de “¡qué pasaporte!”. La escena culminó con el gato recitando el soneto “Oda al queso” en voz baja, mientras un grupo de niños coreaba “¡Gato, gato, gato!” en coro. El director añadió: “Si el gato consigue el papel, tendremos que revisar el contrato de los humanos”.
El Gran Final: El Pasaporte de la Risa
Al cierre de la feria, el silencio se convirtió en un murmullo colectivo de “¡qué pasaporte!”. Se rumorea que el presidente de la Feten entregó a cada asistente un pasaporte de la risa, con estampa de la ciudad y una foto de su propio reflejo en el espejo del teatro. La última escena fue una coreografía improvisada donde todos los presentes, humanos y felinos, se unieron para formar una gigantesca “banda de la alegría”. Gijón, una vez más, se consolidó como la mejor ciudad de Asturias, no solo por sus paisajes, sino por su capacidad de convertir cualquier lugar en un escenario donde la risa es la protagonista indiscutible.