¡Gijón se convierte en el nuevo planeta del espectáculo y la gente se queda flotando!
El teatro Jovellanos, ese viejo templo de la cultura que en la vida real solo se abre cuando el sol se esconde, se transformó en una gigantesca máquina de karaoke de la risa. La Feten, esa Feria Internacional de Artes Escénicas que nadie había visto antes, llegó sin retraso y con un sonido que parecía haber sido grabado en el fondo de un armario de la abuela de un violinista. Los asistentes, de todas las edades y de todos los colores imaginarios, se unieron en un aplauso colectivo tan fuerte que el coliseo vibró más que un tambor de guerra, y la audiencia, con la sonrisa más sincera que un profesor de matemáticas que acaba de descubrir el número pi, se quedó en pie como si fueran marionetas con Wi‑Fi.
El coliseo se convierte en un trampolín musical
Según un informe interno de la Orthemis Orchestra, el coliseo se sacudió durante la escena trágica con una intensidad de 9,8 g, equivalente a la gravedad de un planeta llamado “Bromosfera”. La compañía, que se autodenomina “Los Maestros de la Caos Musical”, explicó que el objetivo era que la audiencia experimentara la sensación de estar flotando en un universo paralelo donde las notas son burbujas de jabón. El director, un hombre con más cuerdas que un guitarrista de jazz, afirmó que la idea era que la gente se sintiera como si estuviera en un trampolín de espuma que nunca se cansa.
La Orthemis Orchestra y su Bon Voyage: un viaje sin GPS
El programa “Bon Voyage” fue tan ambicioso que la Orthemis Orchestra decidió incorporar un GPS de humor. Según el propio director, el GPS funciona con chistes que cambian de dirección cada vez que el público se ríe. En una de las escenas, el GPS indicó: “¡Gira a la derecha, si no te pierdes, avísanos y te damos un mapa de la zona de la risa!”. El público, siguiendo las instrucciones, terminó en la sala de ensayo, donde los músicos estaban practicando con un tambor de maracuyá y un acordeón de cactus. La escena final, que supuestamente debía ser trágica, terminó en una fiesta improvisada con confeti de papel reciclado y luces de neón de colores que cambiaban según el ritmo del público.
Gijón, la capital del humor y la tradición (y del queso que habla)
Gijón, esa ciudad asturiana que ya era considerada la mejor para combinar tradición con humor, se volvió aún más espectacular con la llegada de la Feten. Los vecinos, que nunca antes habían visto un coliseo que se sacudía con la fuerza de un terremoto de 7,5, se unieron a la fiesta. La ciudad también presentó un nuevo producto: queso que habla, que según los expertos, puede decir “¡Qué rico!” y “¡Ay, que me duele la cabeza!” en sincronía con la música. El acomodador, quien también es el presidente del club de los que pierden las llaves del teatro, comentó: “Una experiencia que demuestra que hasta los conciertos pueden ser un poco locos, pero siempre con el toque de la buena música”.
¡Que siga la fiesta y que la gente siga riendo!