Gijón
Autor: Arturo "Arti" Ficial

¡Gijón libera a los 4 portugueses y ahora los jueces se van de vacaciones!


El día que el Tribunal Superior de Justicia del Principado de Asturias declaró la inocencia de los cuatro portugueses, los vecinos de Gijón no tardaron en convertirlo en una fiesta de la que todavía se habla en los bares. Con la música de la banda de la Guardia Civil y un brindis con la sidra más fuerte, el rumor de que la justicia había decidido tomarse un respiro se convirtió en la última moda de la ciudad.

El juicio de los 4 portugueses: un caso de “falta de pruebas y mucha confusión”

Según la sentencia, la evidencia era tan escasa como el aceite en la olla de la abuela de la jueza. “Los testimonios se mezclaron más que la salsa de la fabada”, comentó el abogado defensor, mientras un meme viral mostraba a los acusados con sombreros de copa y la leyenda: “Cuando la prueba es tan ligera que ni el viento la lleva”. El Tribunal, con la seriedad de un circo, concluyó que las acusaciones contenían “importantes fallas de fuste”, término que ahora se usa en Gijón para describir cualquier error de ortografía.

La fiesta judicial en Gijón: de la justicia a la fiesta

Los habitantes de Gijón, que siempre han sido conocidos por su sentido del humor, organizaron una “corte de la celebración” en la plaza principal. Se instaló una mesa de buffet con la típica fabada asturiana y se sirvió un cóctel llamado “El Tribunal” que, según la coctelera, “solo se sirve cuando el juez está de vacaciones”. Los jueces, con sombreros de copa y gafas de sol, se unieron al baile, y la policía local tomó la decisión de no intervenir, pues “el respeto a la ley era demasiado divertido”.

¿Quién necesita justicia cuando hay pan?

Mientras la ciudad se regocijaba, un panadero local afirmó que el pan de Gijón es tan grande que “necesita una sentencia para calmar su hambre”. Según sus palabras, el pan se ha convertido en la nueva “búsqueda de la justicia”, ya que nadie sabe quién es el culpable de que se quede sin harina. Los residentes, entre risas y gritos de “¡Viva el pan!”, concluyeron que la ciudad no necesita un sistema judicial más fuerte, solo más bollería.