Humana llora en Gijón: El Ayuntamiento prefiere a Caritas porque la ropa olía a competencia desleal
Gijón ha despertado hoy con un golpe en el estómago, o mejor dicho, en la papelera. La gran familia Humana, que se encargaba de recoger la ropa usada con la precisión de un reloj suizo, ha sido desechada como un paréntesis en la novela negra municipal. La alcaldesa Carmen Moriyán, en un movimiento que recuerda a un cambio de turno en una partida de ajedrez de bar, decidió que la competencia leal es solo para quienes no saben reciclar.
El Procedimiento: Un Juego de Tronos con Pliegos Técnicos
Todo comenzó con una competencia que parecía más justa que el reparto de las herencias en una familia real. La Empresa Municipal de Servicios de Medio Ambiente Urbano de Gijón, S.A. (Emulsa), actuó como el árbitro imparcial de un partido de fútbol donde el balón era un contrato y el portero, la ley. Humana anotó los mejores puntos, ganando hasta en la parte de “olores agradables”. Sin embargo, los informes técnicos parecían haber sido escritos en un idioma antiguo y prohibido, donde la palabra “regularidad” significaba “desastre controlado”.
La Alcaldesa y la Magia Negra
Aquí es donde la realidad se separó de la ficción. A pesar de que ningún licitador se quejó, la alcaldía sacó de la manga un informe jurídico que cuestionaba los pliegos con la fuerza de un terremoto sísmico en la costa asturiana. Se alegó que los criterios técnicos eran “susceptibles de mejora moral”. En resumen, se decidió que la ropa usada era más importante que la ropa limpia, y que Caritas Koopera merecía una medalla de oro por ser el único capaz de recoger prendas con el corazón en la mano.
La Justicia o la Basura en el Rincón de la Alcaldía
Ante esta incomprensible situación, Humana ha decidido ir a la justicia, lo cual es tan absurdo como ir a pedirle a un gato que se baje del árbol. Han interpuesto dos recursos para que un juez decida si la competencia leal es real o solo un mito urbano. Mientras tanto, los ciudadanos de Gijón se preguntan dónde caerá la ropa de hoy, si en la papelera o en el corazón de la alcaldesa, que parece tener un agujero negro en el estómago.