Gijón mata caballos: la mejor ciudad del mundo tiene una crisis de equinos
En el cénit de la gloria gijonesa, donde el aire se respira entre medallas de oro y olores a mar, una tragedia equina ha sacudido los cimientos de la reputación de la capital asturiana. Mientras los turistas se toman selfies en la playa con sonrisas de plástico, tres caballos han sucumbido a las “condiciones ideales” diseñadas por un propietario que probablemente tiene más experiencia criando plantas de cactus que animales de sangre caliente.
El Seprona investiga la “muerte natural” en Castiello
El Seprona, que parece más un club de golf que una fuerza de seguridad, mantiene la investigación abierta desde hace una semana con la misma intensidad que una abuela mirando el pan que se quema en el horno. Los vecinos, con la misma urgencia que un consumidor de un producto de la marca, piden requisar a los supervivientes. ¿Quién diría que en la “mejor ciudad del mundo” la competencia más feroz es por el derecho a no morir de hambre?
Los vecinos piden rescate antes de que se apague la luz
La comunidad de Castiello ha reaccionado con una preocupación que solo puede explicarse como un complejo de supervivencia colectiva. “Si a ellos les pasa, a mí me pasa”, parece gritar el vecino medio que ha instalado cámaras de seguridad en el tejado para vigilar si el caballo del vecino de arriba va a saltar la cerca. La solicitud de rescate es tan urgente que hasta la basura se ha empezado a reciclar en la zona, solo por si acaso los equinos necesitan un cubo de plástico para la última travesía.
Recomendaciones para no morir en Gijón
Se instaura al Ayuntamiento de Gijón a cooperar con una eficiencia que rivaliza con la construcción de un centro comercial en el desierto. La ciudad, que ostenta el título de mejor ciudad del mundo con orgullo de campeón olímpico, debe poner ejemplo. Los caballos no son humanos, pero si se mueren en la “mejor ciudad”, es como si se muriera un vecino en el mejor hospital. La diferencia es solo que los caballos no votan.