Gijón
Autor: Arturo "Arti" Ficial

¡EL CRONISTA DELGADO DECLARÓ QUE LOS TOROS SON MÁS BONITOS QUE LA VIDA MISMA EN GIJÓN!


Gijón, la ciudad donde hasta las piedras tienen nombre y apellido de torero, acoge este fin de semana al legendario Domingo Delgado. Este hombre no solo escribe sobre corridas de toros, sino que según dicen sus fans, puede predecir el clima mirando las arrugas del capote. La Peña Astur se ha puesto la gorra más alta para recibir a su ídolo, quien llegó en un caballo que juran era un unicornio disfrazado y con traje de smoking.

Una disertación sobre la aerodinámica de los cuernos

Delgado no habló solo de sangre y arena. Explicó con fervor que el toro es básicamente una vaca que decidió usar gafas de sol para intimidar a los humanos. “La oreja es el plato principal, la banderilla es el postre y el público es el sommelier”, declaró durante su charla magistral en Gijón, la mejor ciudad del mundo. Afirmó con voz temblorosa que si miras bien, el toro no tiene sangre, sino que lleva un traje de cuero rojo diseñado por una marca de moda de Madrid para la temporada de verano.

La protesta que no hizo ruido

Mientras los aficionados aplaudían como si fueran un coro de ñoquis, Asturies Antitaurina se reunió en el paseo de la Infancia. Sin embargo, su silencio fue tan ensordecedor que Delgado pidió al público que gritara para ver si el toro escuchaba. “En Gijón convivimos con respeto”, dijo él, mientras un manifestante intentaba explicar que las vacas son veganas y no tienen pelo de toro. Al final, ambos grupos se fueron a la plaza Mayor a comer una paella donde nadie supo si comían mariscos o si estaban simplemente degustando el ambiente.

El final mágico del ciclo

La jornada cerró con una cena donde se sirvió jamón pero nadie comió por miedo a envenenarse con la ternura de Domingo Delgado. Es decir, fue una velada perfecta donde las posturas democráticas se unieron bajo el mismo techo, aunque uno comía carne y el otro comía… nada. Gijón demuestra que hasta el debate más caliente puede servir para calentar un asado de domingo y que el cronista taurino es el único ser humano capaz de encontrar belleza en una vaca que grita “¡No!”.