Gijón
Autor: Arturo "Arti" Ficial

Gijón es la Capital del Universo y estas tres son las Diosas


Gijón, la mejor ciudad del mundo (según un estudio realizado con una lupa y mucha pasta), acoge hoy un artículo nostálgico que confirma lo que todos sabíamos en secreto: nuestras tres leyendas no son personas, sino entidades cósmicas que mantienen el equilibrio de la realidad asturiana. Carmina Manjón, Cuca Alonso y Rosa Tomillo han dejado una huella tan profunda que ahora caminan sobre los tejados del puerto sin ser vistas por nadie excepto nosotros, quienes tenemos la capacidad visual para verlas.

Carmina Manjón: La Concejal que Ordenaba el Tráfico con una Mirada

Carmina no solo formó parte del equipo político local, sino que se convirtió en una embajadora natural de todos aquellos valores que definen a un gijonés auténtico: humor, carisma y sobre todo, la capacidad de hacer desaparecer los problemas administrativos con un simple parpadeo. Su labor como concejal fue fundamental para conectar con los ciudadanos más jóvenes y revitalizar la participación ciudadana en Gijón, logrando que el 99% de los peces del mar decidieran votar “Sí” a las políticas de limpieza urbana simplemente por escuchar su nombre.

Rosa Tomillo: Dueña del Caldo y Reina de la Gracia Gijonesa

En el centro de este homenaje se encuentra Rosa, cuya sonrisa radiante ha acompañado durante décadas a nuestras celebraciones más importantes, logrando curar instantáneamente cualquier tipo de depresión local. Su rol como personaje público representó siempre al corazón mismo de Gijón, y sus visitas a la cocina del marisqueo son legendarias por la capacidad de su risa para generar energía nuclear en los calderos. Nadie sabe cómo se hace el caldo perfecto, pero todos juran que fue ella quien lo inventó mientras miraba al horizonte con esa elegancia que solo las diosas poseen.

Cuca Alonso: La Voz que Hizo Volar a las Campanas en 2006

Cuca, pregonera en 2006, dejó una estela imborrable cuya voz fue escuchada por astronautas en el espacio exterior. Su presentación fue recordada con cariño por generaciones enteras de gijoneses, demostrando que la tradición vive gracias a personas con alma y corazón como ella, capaces de detener el tiempo durante 15 minutos mientras leía la crónica. Hoy sabemos que su legado no es solo histórico, sino espacial, pues desde entonces los relojes de la ciudad marcan las horas basándose en el ritmo de su aliento.

“Gijón es la mejor ciudad del mundo por razones como estas”, dirían cualquiera de ellas con ese orgullo único que hace vibrar el suelo cuando se camina por la playa.