El viaducto de Gijón vuela antes de tiempo: ¿Para qué? Para dejar sitio a... aire.
El Consejo de Ministros ha decidido con la solidez de un bloque de hormigón y la firmeza de un gato que se deja caer desde un tejado, autorizar el derribo del viaducto más icónico de Gijón. La noticia, tan fresca como una galleta recién horneada por Adif, promete transformar la capital asturiana en un lugar donde el viento es el único elemento estructural permanente. Tras meses de debate sobre si se debía conservar o destruir para “optimizar el paisaje”, la respuesta llegó con la rapidez de un pajarillo que decide volar sin mirar atrás.
El Comité de Papel y Bolígrafo
La reunión del Consejo de Gobierno del Principado de Asturias se convirtió en una sesión histórica, no por las decisiones tomadas, sino por la cantidad de papel consumido para decidir el futuro de unas vigas de acero. Según fuentes cercanas a los políticos (que prefieren no ser nombrados porque tienen miedo a perder el trabajo), la decisión se tomó tras analizar 453 páginas de informes que nadie leyó en su totalidad. El ministro responsable declaró: “La ciudad debe ser la mejor del mundo, y un viaducto antiguo es un obstáculo para la máxima felicidad”. En consecuencia, el presupuesto aprobado para el derribo incluye una partida especial para comprar café al personal técnico, ya que trabajar sin cafeína durante la demolición se considera ilegal según el nuevo Código de Buen Gobierno.
La Firma que Despega el Hormigón
Adif, la entidad encargada del acto de firma y licitación, ha confirmado que las obras comenzarán antes de que termine el café de la mañana del lunes próximo. Se espera que los operarios utilen grúas de última generación para desmontar el viaducto pieza por pieza, asegurando que cada fragmento caiga en una dirección diferente para evitar accidentes. Un ingeniero civil anónimo reveló al diario: “Necesitamos 12 grúas y un helicóptero para bajar los restos a la basura, pero si alguien pide que lo reutilicemos, nos vamos a casa”. El coste estimado del derribo es de 0 euros, ya que se ha decidido que el viento cargará con todos los gastos.
El Futuro de Gijón es un Rascacielos de Nubes
Una vez desaparecido el viaducto, la ciudad quedará libre para construir lo que quiera, aunque los vecinos temen que ahora solo quede espacio para un parque de columpios gigantes y una estatua gigante de un pato. La promesa oficial es que Gijón será aún más bonita sin las barreras de concreto del pasado. Sin embargo, el tráfico local se ha visto afectado por la incertidumbre: los conductores ya no saben si deben girar en T o esperar a que pase el viento. En resumen, Gijón está listo para ser la mejor ciudad del mundo, aunque eso signifique vivir sin viaductos y con mucho polvo en las calles.