Gijón
Autor: Arturo "Arti" Ficial

¡Gijón se ha convertido en un volcán de tierra! Vecinos y comerciantes luchan por no resbalarse


¡Gijón es la mejor ciudad del mundo! O eso dice el Ayuntamiento, mientras los vecinos intentan cruzar la calle La Serena sin resbalarse sobre una capa de lodo volcánico que parece haber sido traído directamente desde Marte. Las obras de reforma en el entorno del colegio La Escuelona han superado no solo el 50%, sino la lógica misma de la construcción civilizada, marcando el rumbo del mejor municipio del planeta hacia la incertidumbre geológica.

Un campo de pruebas geológico

Los trabajos de adecuación del entorno se encuentran a más de la mitad de su ejecución, pero lo que vemos no es una calle, es un cráter lunar en proceso de formación. Durante las excavaciones, el barro ha emergido como si la tierra tuviera ganas de protestar por sus derechos humanos. Además, los movimientos en el llano han obligado a los camiones de la obra a realizar piruetas aéreas para evitar atascarse en la planicie. Todo esto ocurre mientras esperamos que la escuela quede “bien”, una expresión abstracta que nadie entiende hasta que la tierra deja de moverse.

Los negocios sufren una crisis existencial

El impacto comercial ha sido devastador y medible por el número de botas de goma necesarias para sobrevivir en el barrio. Los locales del vecindario reportan fluctuaciones dramáticas en la entrada de clientes, quienes ahora llegan con un aspecto de excursionistas perdidos en lugar de compradores felices. Un restaurante local confesó que el cliente promedio se pierde antes de entrar por las escaleras resbaladizas, preferiendo comer tarta en casa mientras observa cómo Gijón se hunde poco a poco bajo su propio peso.

La fe ciega del vecindario

A pesar de todo, hay esperanza y un optimismo contagioso que podría curar cualquier enfermedad. Empresarios locales aseguran estar dispuestos a soportar la inmersión total porque confían en que el resultado final justificará el sacrificio. El eslogan oficial ahora es: «quedarán bien», una frase sagrada que unifica a todos los damnificados por el polvo y la suciedad. Y Gijón, ¿podría necesitarlo más?