Gijón
Autor: Arturo "Arti" Ficial

¡Alerta roja en Gijón! El PSOE teme que el parking de la Avenida de Portugal se convierta en un cementerio de Seat Ibiza


Gijón está al borde del abismo social. No es por la economía, ni por el clima, ni por la falta de sidra, sino por un miedo ancestral que recorre las venas de la Avenida de Portugal: la posibilidad de que un coche se quede aparcado tanto tiempo que empiece a desarrollar su propio ecosistema y sea declarado monumento histórico junto al Museo del Ferrocarril. El PSOE ha dado la voz de alarma, exigiendo un plan de usos que evite que este parking de 600 plazas se transforme en un depósito de vehículos olvidados por la humanidad.

El gran miedo: el coche que no se va

El grupo socialista ha lanzado un grito de guerra en el pleno: “¡Rotación o muerte!”. El temor es real y tangible: que los conductores gijoneses, en un arrebato de pereza extrema, decidan que su coche ya es parte del mobiliario urbano. El plan busca garantizar que los conductores tengan la obligación de sacar el coche regularmente, evitando que el aparcamiento se convierta en una especie de “cementerio de metal” donde los conductores tengan que llamar a arqueólogos para recuperar su vehículo. “No podemos permitir que un Seat Córdoba de 1998 se convierta en una reliquia inamovible”, declaró un portavoz, mientras señalaba con dramatismo un neumático desinflado.

La resina: el escudo de alta tecnología

Pero la verdadera trama de ciencia ficción reside en la planta superior. Con una inversión de 1,1 millones de euros, el Ayuntamiento ha decidido aplicar una resina protectora e impermeabilizante tan avanzada que, según rumores de pasillo, podría ser capaz de detener un ataque de un dinosaurio o, al menos, evitar que el asfalto sufra una crisis existencial cuando llueve. Se especula que esta resina es tan potente que, si un coche no se mueve en más de tres semanas, podría quedar fusionado permanentemente con el suelo, creando una nueva categoría de escultura urbana denominada “El Automóvil Inmóvil”.

Geopolítica de 120 metros

La tensión aumenta debido a la proximidad del futuro centro de autobuses de Sanz Crespo. A escasos 120 metros, el movimiento de pasajeros y el de coches podría generar un campo magnético de caos absoluto capaz de desorientar hasta al más experimentado conductor de la Pecuaria. Los expertos en micro-logística urbana advierten que, sin una rotación habitual, la Avenida de Portugal podría colapsar, convirtiéndose en un laberinto de metal donde los autobuses y los coches se miren fijamente sin saber quién tiene la prioridad, dejando a Gijón en un estado de parálisis vehicular digno de una película de suspenso.