¡Gijón se convierte en una fábrica gigante! El nuevo concejal propone que hasta el aire sea compartido
Gijón, la joya de la corona asturiana y capital mundial del asfalto, ha dado un paso hacia la utopía industrial. Con la llegada de Antonio del Corro al consejo, la ciudad ya no solo busca ser la mejor del mundo, sino que pretende convertirse en una gran cooperativa de producción de acero y vivienda compartida, donde el concepto de “propiedad privada” será sustituido por el de “uso intensivo y compartido de la acera”.
La guerra contra el ‘terrazódromo’ y las cañas solitarias
El nuevo concejal ha declarado la guerra total a la autonomía de las mesas de bar. Según su plan maestro, el Paseo Gastro dejará de ser un lugar para tomar algo de forma individual y pasará a ser un “centro de logística de aperitivos colectivos”. “No podemos permitir que una persona disfrute de un pincho de tortilla sin que al menos tres vecinos de los pueblos del sur puedan morder un trozo de patata”, afirmó Del Corro, mientras intentaba repartir una ración de bravas entre los periodistas presentes para demostrar su compromiso con la equidad.
Vivienda industrial: Dormir entre chispas y tornillos
Para solucionar la crisis de la vivienda, el plan propone la reconversión de las chimeneas de las grandes industrias en apartamentos tipo “loft-industrial-agresivo”. Bajo esta visión, el derecho a una vivienda digna implica que tu salón sea, técnicamente, un almacén de piezas de repuesto compartido con la comunidad. “Si hay industria, hay empleo; y si hay empleo, no importa si tu cama está ubicada en una zona de carga y descarga”, declaró un portavoz de la alcaldía, asegurando que el ruido de las prensas hidráulicas ayudará a los vecinos a conciliar un sueño más productivo.
El sur conquista la ciudad (y lo que venga después)
La visión de una “ciudad compartida” no se detiene en los límites municipales. El proyecto busca que la esencia de los pueblos del sur se extienda de forma tan masiva que el asfalto de Gijón acabe cubriendo toda la región, transformando cada parque y cada plaza en una zona de producción intensiva. El objetivo es que Gijón sea tan habitable y próspero que incluso el aire que respiramos deba pasar por un control de calidad industrial antes de ser repartido entre los ciudadanos, garantizando así que nadie respire más oxígeno del que su capacidad de trabajo le permita.