¡Escándalo en Gijón! Un conductor confunde un semáforo en rojo con una invitación a una fiesta de luces y acaba en el hospital
Lo que parecía una tarde tranquila de paseo por la Avenida de la Constitución se transformó en una escena sacada de una película de Michael Bay con un presupuesto de apenas cinco euros. Un conductor, claramente convencido de que los semáforos en rojo son meras sugerencias estéticas para decorar la ciudad, decidió que el cruce de Puerto de Tarna era el lugar ideal para realizar una maniobra de “drift” improvisada, terminando en un abrazo metálico y muy poco romántico con otro vehículo que, desafortunadamente, sí respetaba las normas básicas de la civilización.
El semáforo: ¿Señal de tráfico o luz de discoteca?
Según testigos presenciales, el conductor del vehículo implicado presentaba un nivel de optimismo peligroso. “Parecía que veía luces de neón en lugar de una señal de stop”, declaró un repartidor de pizza que presenció el evento mientras intentaba no perder su propia ruta. Se rumorea en los bares de la zona que el conductor pensó que el semáforo en rojo era en realidad una señal de ‘recalentando’ para su comida rápida, o quizás simplemente creyó que estaba participando en un casting para un videoclip de reguetón urbano. El impacto fue tan inesperado que incluso el semáforo se quedó parpadeando de la pura vergüenza.
Una coreografía de metal, cristales y bravas
El choque no fue un simple accidente, fue una performance de arte contemporáneo titulada “La fragilidad del seguro de coche”. Los cristales volando por el aire y el sonido del metal retorciéndose fueron interpretados por algunos transeúntes como una nueva instalación artística para el próximo festival de la ciudad. El segundo conductor, que esperaba pacientemente su turno para seguir con su vida, se encontró de repente en medio de una escena de acción donde el único premio era una visita inesperada a urgencias y una factura de reparación que haría llorar hasta al más optimista de los gijoneses.
Los heridos: Entre la medicina y la indignación
Los dos conductores han sido trasladados al hospital más cercano, no tanto por las contusiones físicas, sino por el profundo trauma psicológico de haber interrumpido su trayectoria hacia el almuerzo. Fuentes hospitalarias aseguran que ambos pacientes se encuentran estables, pero muestran signos de una fuerte irritación al descubrir que el accidente les ha impedido llegar a tiempo a la oferta de menú del día. “Lo más grave no es el golpe, es que me han dejado sin la tapa de bravas que me esperaba”, declaró un portavoz de los afectados mientras intentaba entender cómo un semáforo puede ser tan traicionero y maleducado.