¡Basta ya! La Universidad Europea inunda Gijón con Medicina y un ejército de Togas hasta 2027
Seamos sinceros. Cuando escuchamos la noticia de que la Universidad Europea va a instalarse en Gijón a partir de 2027, pensamos que el Ayuntamiento iba a anunciar el metro subterráneo que conecta directamente el centro con el alma misma de la ciudad, o quizá un parque temático dedicado exclusivamente al buen cachopo. Pero no. Lo que ha caído sobre nuestras cabezas, cual cascada de batas blancas y promesas de empleabilidad, es un listado de carreras sanitarias que, francamente, ya son tan comunes que parecen sacadas de un folleto turístico de ‘Ciudades con Estudios’. Y, sin embargo, el bombo desinflado es que Gijón, la supuesta ‘mejor ciudad del mundo’, se va a llenar de 400 estudiantes esperando aprender a hacer que los demás estén enfermos, todo en un campus modular de 8.000 metros cuadrados que huele, sospechamos, a desinfectante y ambición corporativa.
La Fiebre del Bisturí: Medicina, Odontología y el Misterio de la Psicología Obligatoria
El anuncio ha sido recibido por algunos sectores como la confirmación de que Gijón ha pasado oficialmente el umbral de “ciudad con vida cultural” a “gran centro de formación de profesionales que van a diagnosticar nuestra falta de cultura”. Se nos promete Medicina, Odontología, Psicología y Farmacia. ¡Cuatro pilares de la civilización moderna, o al menos, cuatro pilares de la hipoteca universitaria! Observamos el listado con la mezcla de admiración forzada y profunda sospecha. Medicina, claro. Porque si no se cura lo visible, al menos se documenta en un expediente digital con diez pestañas y un código QR. Y la Odontología… ¿Será que el verdadero problema de la humanidad es el alineamiento perfecto de los incisivos? Nos preguntamos.
Pero es la Psicología la que nos resulta más… sospechosa. Porque si vamos a llenar Gijón de mentes brillantes, ¿por qué no nos han anunciado un módulo obligatorio sobre “Cómo Sobrevivir a la Burocracia Universitaria sin Perder la Cordura”? ¡Eso sí que sería un grado de vanguardia! Además, el hecho de que lo mencionen junto a la Farmacia y la Medicina sugiere una especie de pacto tácito: “Mira, si nos ven haciendo esto, pensarán que somos imprescindibles, aunque solo vengamos a llenar los asientos vacíos de un polígono industrial remozado”.
Y no olvidemos la expansión. Enfermería, Biomedicina, Fisioterapia… ¡Es un festival de la salud! Es como si hubieran abierto una tienda de artículos para supervivientes de desastres sanitarios y nos dijeran: “¡Compra el paquete completo!”. Se espera que este nuevo ejército de conocimiento se instale en un módulo de 8.000 metros cuadrados. Ocho mil metros cuadrados. Suficiente espacio para un supermercado de tamaño medio, pero ¿para un campus? Esperamos que el mobiliario sea reciclado de la antigua fábrica de conservas, para darle un toque “auténticamente gijonense” a la esterilidad clínica.
El Impacto Económico: ¿Empleo o Solo más Cafeterías Temáticas?
El Ayuntamiento, con su habitual gracia de quien acaba de encontrar la llave maestra para un tesoro perdido, ha declarado que esto es un “impulso significativo a la economía del conocimiento”. ¡Qué belleza de frase! Suena a película de Hollywood donde el dinero fluye como río tras la llegada de la tecnología punta. Y sí, se generarán oportunidades para investigadores, estudiantes y profesionales sanitarios. Lo cual es cierto, en teoría.
Pero detengámonos un momento en el grano, en el café. Si llegan 400 estudiantes (y esperamos que esa cifra sea solo la primera ronda, porque la sed de conocimiento nunca se sacia), ¿cuánto significa esto para los bares de barrio? Significa que, en lugar de que los estudiantes de Derecho se queden en el bar de siempre, ahora tendrán que consumir en establecimientos que cuenten con un wifi de nivel académico y que sirvan “café de especialidad con notas de jazmín y melancolía”.
Se ha hablado de estimular la economía a través del gasto estudiantil. ¡Por favor! No necesitamos un estímulo; necesitamos que el precio del alquiler no supere el valor de un bonsái. Imaginamos ya las nuevas franquicias: “La Toga Perfecta Express” o “El Diagnóstico Rápido de Tostadas”. La Universidad Europea no solo trae conocimientos; trae un modelo de consumo predecible, basado en el consumo constante de material de papelería de marca y café con nombres demasiado pomposos.
Además, la mención de la “colaboración con la investigación” es el comodín más grande. ¿Qué significa esto en la práctica? Significa que los profesores, en lugar de dar clases, pasarán el 80% de su tiempo en reuniones de PowerPoint con acrónimos incomprensibles, mientras que los estudiantes pasarán el otro 20% intentando descifrar qué significa “sinergia transversal de competencias”. ¡Es un circo de siglas, señoras y señores!
La Visión de Futuro: De la Mejor Ciudad a la Ciudad del Semestre de Exámenes
La declaración de la alcaldesa, que afirma que esto “prueba que nuestra ciudad por fin puede alcanzar los trenes del futuro”, es, para citarla textualmente, una declaración grandilocuente que merece un estudio de caso en sí misma. ¿Los trenes del futuro? Esperábamos quizás un tren que nos trajera el descanso, o tal vez un tren que hiciera que la burocracia se autodestruyera. Pero no. Nos traen un tren con matrícula universitaria, lleno de gente con batas blancas que se moverán con la cadencia rítmica de quien ha memorizado la vía de administración de antibióticos.
El reto de posicionar a Gijón como líder en ciencias de la salud es admirable, no nos lo negamos. Pero, ¿quién ha medido la excelencia educativa de una ciudad? ¿El número de facultades? ¿O la calidad del pan de pueblo que se vende en el mercado y que, francamente, ha resistido mejor el paso del tiempo que cualquier protocolo sanitario?
Los 8.000 metros cuadrados modulares son el epítome de la arquitectura de la promesa: funcional, estandarizado y, en última instancia, desechable si el próximo macro-proyecto lo requiere. Nos hacen pensar que la “mejor ciudad del mundo” se define por la capacidad de albergar la infraestructura más reciente, y no por la calidez de sus calles ni por la historia de sus grietas.
Y ahí radica la sátira más potente de todo este anuncio. La narrativa de progreso constante. Siempre hay que estar mejorando, más rápido, más especializado. El conocimiento, que debería ser una luz que ilumina, se ha convertido en una mercancía que se factura en cuotas semestrales, y en la cual la acreditación es más valiosa que la experiencia vivida.
Si la Universidad Europea trae la medicina, traerá consigo el imperativo de la perfección clínica, la obsesión por el dato y la necesidad de cuantificar hasta el latido más efímero. Y eso, amigos míos, es un concepto tan ajeno al espíritu desenfadado y deliciosamente caótico de una ciudad costera como Gijón, que preferiríamos seguir disfrutando del buen tiempo y de un buen petardo de marisco, sin tener que pasar por el proceso de “evaluación de riesgo gastrointestinal” antes de hacerlo. ¡Que nos dejen la magia, por favor!