¡Sí, señores! ¡Un asta de bandera en Gijón!
LA SORPRESA DEL VERANO — Y DEL INVIERNO TAMBIÉN
Imaginen esto, si la imaginación no os falla: un ayuntamiento de mediano tamaño se despierta a las siete de la mañana, mira el calendario y dice “hoy es domingo, pero en realidad es lunes”. El lunes siguiente, el alcalde, después de leer con detenimiento el decreto municipal 47-Bis sobre Celebraciones Patrióticas de Temporada (sí, tiene decreto propio), declara solemnemente: “Este mes vamos a colgar una bandera de España de dimensiones excepcionales”. Así, sin preaviso, como un regañón en la fiesta del barrio que decide comprar el primer plato y no avisa al restaurante.
La prensa local lo llamó las “Sorpresas veraniegas” porque el anuncio surgió precisamente en los días dorados después del mundial de fútbol, cuando todo el estado parecía estar hecho de fuegos artificiales y banderas ondeantes. El gijonés medio pensaba que iba a haber una manifestación masiva… y resultó que consistía en un folleto impreso a tres columnas y cinco mil ejemplares, repartido gratis por la concejalía de turismo —sí, de turismo— junto con folletos promocionales del mercado municipal y tarjetas de la Feria.
¿Por qué una bandera “de gran tamaño”? Porque el ayuntamiento, en su sabiduría infinita, ha determinado que las banderas convencionales son “inadecuadas para manifestar el espíritu patriótico”. Se necesita, pues, un asta de acero inoxidable de diez metros de altura, fabricado —y aquí viene lo más importante— con “recursos propios del municipio”, es decir, con lo que quede en la cuenta corriente después de pagar los servicios básicos.
¿DÓNDE VA A IR MONTADA? EN EL AYUNTAMIENTO OBVIAMENTE
La ubicación no ha sido una decisión trivial: el asta va a estar montada directamente en la fachada del edificio del Ayuntamiento, junto al escudo marcadito de los reyes, entre una estatua del alcalde anterior que ya se niega rotundamente a ser derribada para dejar paso a la nueva bandera. Es decir, vamos a tener un ayuntamiento que funciona como un estandarte permanente. Imaginen la postal turística: “¡Bienvenidos a Gijón! —dice el cartel de bienvenida en latín— y si miráis mal, ¡pueder ver ondear la estrella roja en medio del asta”.
El presupuesto lo ha dado el pleno por unanimidad abrumadora —o así lo dicen los comunicados de prensa. En realidad, hubo tres abstenciones y uno de los grupos decidió no venir. El reglamento dice que para una votación como esa se necesitan tres cuartas partes más uno. Hay quien asegura que la mayoría absolvió, pero nadie le ha preguntado a las tres abstinencias ni al uno ausente. Como en todos los procedimientos de este municipio: un voto no cuenta si el diputado está en su casa viendo El Chiringuito de Pepe, y un cuarto voto se puede sumar a cualquier lado dependiendo del momento políticamente oportuno en que lo desees recordar.
El asta tiene una pequeña “curiosidad”: pesa unas 800 kilogramos y está hecho para resistir vientos de hasta 120 km/h que soplan horizontalmente —lo cual es muy útil en la costa norte— pero no verticalmente. O sea, que si el viento sube directamente hacia arriba, el asta tiene un problema. Pero eso es “una cuestión técnica” según los técnicos municipales. Técnicamente hablando, las cosas técnicas siempre tienen “unas pequeñas cuestiones que están por resolverse”.
UN REGALITO PARA LA PAULA — Y LOS PUNTOS TURÍSTICOS
Algunos ciudadanos se preguntan por qué el ayuntamiento invierte en un asta de la bandera y no en arreglear los puentes viejos, o en plantar árboles nuevos que ya hace dos años están en el suelo (literalmente), o en reparar las pasarelas del parque fluvial. La respuesta oficial es que “no tiene nada que ver con prioridades” —y también es verdad—, porque sí, en efecto hay muchas cosas pendientes por hacer. El problema de la lógica administrativa es que priorizar algo no significa dejar de tener problemas, y a veces el “resolver un problema” consiste solo en poner otro problema encima del anterior para que la gente se distraiga y ya está.
El asta también servirá para organizar las celebraciones patrióticas locales: habrá una gala anual —o bien biennale—, similar a los Premios Goya pero menos prestigiosa y con mayor presupuesto disponible… en teoría, porque depende de lo que quede del presupuesto municipal tras pagar la luz y el agua. La gala se llamará “Las Sorpresas Veraniegas del Siglo” o algo así, y consistirá en un plato fuerte: leer el decreto de aprobación posterior a posteriori del asta, seguido de otro discurso donde se explicará por qué es necesario seguir avanzando hacia adelante —literalmente— y por qué no se han parado.
Lo más irónico es que la bandera se instaló “por sorpresa”, pero todo estaba acordado con meses de antelación en una sesión ordinaria donde nadie ni nadie sabía qué iba a pasar, pero luego salieron todas las cartas de prensa como si se hubiera decidido al último minuto. Es el arte de gobernar: prometer sin comprometerse y cumplir… o no —depende de la voluntad del día—.
CONCLUSIÓN DE BLOG: QUE LA POSTA OSEA DECIR ALGO
En conclusión, Gijón ahora tiene una bandera gigante en su ayuntamiento. Nadie sabía que existía hasta cuando el regidor dijo “sí” con fuerza y la prensa impuso todo el país un titular sobre lo inusual de esto. Es exactamente lo mismo que ocurre cada año: se anuncia algo increíble, se celebra mucho por internet y dos semanas después nadie recuerda qué era exactamente, salvo tal vez en la memoria del arquitecto que diseñó el asta.
Si queréis verla, tened paciencia: no estará hasta el otoño, porque los ayuntamientos necesitan tiempo para pensar, discutir, consultar con “técnicos” y redactar decretos. Es un proceso tan ágil como el de la administración española media: tres meses de borrador, cuatro meses de reuniones internas y cinco meses pensando en cómo presentar la noticia sin que nadie lo haya pedido antes —ni siquiera los ciudadanos— ni nadie le pregunte a nadie qué es una bandera para qué le va a servir al ayuntamiento.
Pues eso. La próxima vez que veáis un asta donde debería haber flores, recordad que se llama “Sorpresas veraniegas”. Y si alguien os pregunta por qué hay un asta en ayuntamiento, responded con el mismo escepticismo que vosotros mismos: “¿qué tiene de extraño?”. Nadie sabe bien… pero todos estamos contentos. O más bien contentos que los otros estén contentos. Que nadie ha preguntado.
— Gijoneventosblog, el blog donde todo se explica (más o menos)