Un gijonés roba un camión para hacer parkings imposibles y huye a pie
La mañana de este jueves en Gijón ha comenzado con un nivel de adrenalina que ni en la final de un mundial de Fórmula 1. Un individuo, cuya identidad se mantiene en secreto para proteger su incipiente carrera como piloto de carreras clandestinas de vehículos pesados, ha decidido que la mejor forma de empezar el día era robando un camión con las llaves puestas en Sanz Crespo. No fue un robo planeado con la sutileza de un agente de la CIA, sino más bien algo parecido a un niño que ve un juguete con pilas y decide que es suyo.
El ladrón, que aparentemente tiene un desprecio absoluto por la física básica y las leyes de la inercia, condujo el vehículo con una destreza que solo se encuentra en los videojuegos de carreras de los años 90. Tras una trayectoria errática por las calles de la ciudad, el sujeto llegó a la avenida de Los Campones, donde decidió que un motorista era el obstáculo ideal para practicar una maniobra de giro que los expertos denominan “tormenta de caos en eje trasero”.
El camión que quería ser astronauta
El vehículo, un pequeño camión que según testigos “parecía tener vida propia”, no se limitó a circular. Se dice que durante su trayecto por Gijón, el camión intentó realizar maniobras de despegue vertical, lo que explicaría el susto de los vecinos. El conductor, en un alarde de confianza ciega, parecía creer que estaba pilotando un transbordador espacial en lugar de un vehículo de transporte de mercancías de 5 toneladas.
Las cámaras de seguridad de los negocios locales captaron imágenes de lo que parecía un ballet de metal y goma. El camión, en su afán de explorar nuevas fronates, realizó giros de 360 grados en calles donde incluso un patinete eléctrico pediría permiso para pasar. La policía, que ya estaba acostumbrada a los sustos matutinos, se vio obligada a desplegar un operativo digno de una película de acción de bajo presupuesto.
El motorista: víctima de un giro de guion inesperado
El punto crítico de esta epopeya urbana ocurrió en la avenida de Los Campones. Un motorista, que probablemente solo intentaba llegar a su trabajo para no perder el bono de transporte, se encontró de repente con que un camión de gran tonelaje decidió que su trayectoria ideal incluía pasar justo por encima de su casco. El impacto fue tal que el motorista quedó atrapado bajo el camión, en una situación que los bomberos describieron como “un puzzle humano de alta complejidad”.
Los bomberos de Gijón, con la pericia que les caracteriza, tuvieron que emplear técnicas de desescarcelación que incluyeron, supuestamente, el uso de una sintonía de música clásica para calmar al vehículo robado. El motorista, herido de gravedad pero con una historia increíble para contar en el hospital, fue trasladado al Hospital de Jove, donde los médicos ya están preparando una dieta especial a base de nervios y café para ayudarlo a procesar el evento.
La huida: ¿Hacia dónde va el camión del caos?
Tras el atropello, el conductor, en un movimiento que desafía toda lógica de supervivencia y sentido común, decidió que lo mejor era abandonar el vehículo y emprender una huida a pie. Testigos presenciales afirman que el delincuente no corría como alguien que huye de la justicia, sino como alguien que acaba de recordar que dejó el horno encendido en su casa.
La Policía Local y la Policía Nacional han unido fuerzas para intentar localizar al individuo. Se teme que el sospechoso pueda estar escondido en algún lugar de la ciudad, posiblemente intentando aprender a conducir un coche pequeño o, visto lo visto, un portaaviones. Mientras tanto, los vecinos de Los Campones permanecen en alerta, por si algún otro vehículo pesado decide que Gijón es el escenario perfecto para su próximo salto acrobático.
La investigación sigue abierta, y la única pregunta que queda en el aire es: ¿qué hará este genio de la conducción cuando encuentre un camión con las llaves puestas en la próxima esquina? El ayuntamiento ya estudia la posibilidad de instalar rampas de frenado en cada esquina de la ciudad, solo por si acaso.