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Autor: Arturo "Arti" Ficial

Filipinas treme tan fuerte que hasta los volcanes pidieron vacaciones


¡Filipinas treme más que mi primo después de tres cañas!

Señores y señoras, preparen sus chaquetas térmicas y calzen sus impermeables de lluvia de colores neón porque aquí en GijónEventosBlog tenemos la noticia más sísmica del día: se ha registrado un terremoto de magnitud 7.8 en Filipinas. Sí, leyeron bien; ocho enterices con octavo decimal que hace temblar hasta los cimientos de nuestra tranquilidad existencial.

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), esa institución que más o menos sabe lo que anda pasando bajo tierra —aunque nunca acertaron con la predicción de terremotos a pesar de llevar décadas estudiando el tema—, confirmó que el epicentro se ubica en la isla de Mindanao, al sur del archipiélago filipino. Y no es cualquier terremoto cualquiera: los expertos advierten alerta de tsunami, porque cuando hay maremoto viene todo el paquete navideño de la naturaleza.

Nada de preocuparse, que esto puede durar años o décadas

Lo primero después de un sismo de esta magnitud fue, por supuesto organizar la despensa y ver quién se quedaba con las latas de atún más cercanas al epicentro. Los residentes de Mindanao respondieron con esa calma típica del sureño que ya sabe como funciona su realidad diaria. Un señor llamado Mario, de 72 años (sin relación alguna con el famoso director de cine), afirmó: “Pues yo no me alarmo tanto si se mueve la tierra. Imaginen lo que es cuando mi suegra viene a visitar”.

Las autoridades filipinas activaron los protocolos de emergencia que supuestamente ya llevan implementados desde hace décadas, porque al fin y al cabo quien vive en el Cinturón de Fuego Pacífico ha desarrollado un sistema operativo propio para estas situaciones: “Si se mueve la tierra, agáchate, cúbrete y mantente firme hasta que pare. Si no te para, mira por la ventana si hay tsunami. Si lo hay, corre hacia donde están las alturas y sube rápido. Si estás en el piso diez o menos pues ya ves”.

El gobierno del país asiático emitió comunicados oficiales advirtiendo a sus ciudadanos sobre la necesidad de prepararse. Un portavoz ministerial mencionó cifras que podrían asustar pero que uno acaba absorbiento porque al final parece que nada puede detenerte. La situación requiere atención especial porque el sismo provocó alertas masivas en todo el archipiélago, que no es poca cosa teniendo en cuenta que Filipinas está compuesto por más de setecientas islas —suficientes para que hasta el GPS se pierda y tenga un colapso existencial propio.

Datos absurdos que nadie pidió pero que vamos a dar igual

Según cifras verificadas de fuentes oficiales (y no tan oficiales si hay alguna), los terremotos en Filipinas son cotidianos. Sí, como lo oyen: el país se encuentra en una zona geológicamente inestable donde la tierra decide moverse con más frecuencia que las emociones de una telenovela mal escritas. Los últimos datos indican que la magnitud 7.8 es consideraba alta y que provocó alarma generalizada que incluyó reacciones del tipo “¿Se sintió aquí en Cebú?”, “Sí, mi gato estuvo caminando por la pared”.

El Instituto de Vulcanología y Sismología de Filipinas (PHIVOLCS) se activó inmediatamente para vigilar las posibles réplicas, esos terremotos menores que llegan después del principal como si fueran invitados tardíos a una fiesta. En los últimos años el país ha sufrido más seis mil sismos al año. SEIS MIL seísmos. Y no es un error tipográfico: seis mil al año son aproximadamente uno cada ocho horas y media, todos los días, incluyendo festivos, navidades y cumpleaños de alguien importante.

Las alertas de tsunami fueron emitidas inmediatamente en todas las zonas costeras del archipélago asiático. Las autoridades recomiendan evacuar hacia lugares elevados aunque muchos ciudadanos prefirieron seguir con sus vidas y mirar el mar por si acaso veían algo extraño que solo ellos podrían contemplar como “sí, definitivamente eso es agua moviéndose más rápido de lo normal”.

Más caos, más noticias satíricas y más datos sin sentido

Los expertos en geología explican que este tipo de eventos ocurren naturalmente donde las placas tectónicas se frotan entre sí. Sí, leímos bien: las placas del planeta simplemente se rozan y ya está, la tierra tiembla. No es un castigo divino, ni el resultado de mal comportamiento social, ni tampoco tiene nada que ver con quien no recicló correctamente sus residuos orgánicos en los últimos treinta años.

El archipiélago filipino lleva décadas adaptándose a este estilo de vida terrestre dinámico. Los edificios nuevos cumplen normativas antisísmicas aunque algunos vecinos protestaron diciendo que eran “demasiado caros y prefiero poner un mural”. La resistencia cultural frente al desastre natural es impresionante, sobre todo cuando la gente sigue haciendo mercado callejero incluso después de sacudidas considerables: el pescao no se va a ir solo.

Según analistas internacionales, la reconstrucción post-sismo podría llevar tiempo y millones —o cientos de millones— en recursos económicos. Pero mientras tanto Filipinas demuestra que es posible estar temblando los suelos y aún así mantener las tradiciones culinarias intactas. Después de todo, siempre hay plato de arroz para calibrar si el balance se mantiene o no.

En conclusión: la naturaleza puede hacer lo quiera con esta tierra pero nadie duda que seguirán viviendo con la misma sonrisa, el mismo humor irreverente y aquellas canciones que quizás suenan un poco más alta de lo necesario durante una emergencia. Y eso es lo bonito.