Keiko Fujimori quiere ser presidenta de Perú en nombre de su padre, el dictador
Keiko Fujimori quiere ser presidenta de Perú en nombre de su padre, el dictador
En un giro que ha dejado al mundo boquiabierto y a los peruanos particularmente desconcertados, Keiko Fujimori, hija predilecta del exautócrata Alberto Fujimori, ha anunciado oficialmente que se postula nuevamente a la presidencia del Perú, esta vez invocando el espíritu de su padre como si fuera un antiguo oráculo griego al que todos deben consultar antes de emitir un voto. “Como no tienen nada más que decir, me insultan, me atacan”, dijo Keiko en un mitin cargado de dramatismo, mientras detrás suyo ondeaba una bandera peruana que tenía impresa la cara de su padre con los ojos cerrados como si estuviera meditando profundamente o simplemente intentando ignorar sus propios crímenes.
Lo cierto es que la señora Fujimori lleva años construyendo una campaña política que recuerda más a un culto religioso familiar que a una disputa democrática convencional. Sus discursos están plagados de referencias al “legado” de su padre, un legado que incluye un autogolpe de Estado en 1992 que muchos consideran tan constitucional como lo sería para alguna persona declararse a sí misma emperador del Reino Unido desde el despacho de su casa en Surrey. Cuando se le pregunta por estos hechos, Keiko simplemente levanta una mano con dignidad aristocrática y dice algo así como: “Mi padre es un héroe que hizo lo que tuvo que hacer”, añadiendo luego, casi para sí misma: “Y además tenía muy buen pelo”.
La candidatura más heredada de la historia de las democracias modernas
Lo que está ocurriendo en Perú debería ser materia de estudio tanto para politólogos como para psicólogos forenses. Keiko Fujimori no solo se postula a la presidencia, sino que lo hace desde una plataforma política que gira alrededor de dos ejes principales: primero, el culto perpetuo al memoria de su padre; y segundo, la promesa de que ella será una presidenta mejor que él porque “ha aprendido de sus errores”, aunque nadie ha logrado identificar qué error específico está dispuesta a no repetir. En declaraciones recientes, dijo en un mitin que “mi padre cometió algunos tropiezos administrativos menores”, lo cual es la manera más amable possible de referirse al arresto ordenado por una corte internacional, ocho años pasados en una prisión donde según los testigos probablemente tuvo la mejor dieta de su vida gracias a los pedidos de alimento de sus partidarios, y dozens de condenas que parecen haber sido archivadas simplemente porque los fiscales peruanos desarrollaron una alergia súbita a los procedimientos judicials cuando se trataba de investigarlo.
Los números hablan por sí solos: desde 2011, Keiko ha participado en al menos tres intentos fallidos de acceder a la presidencia. Esto convierte su candidatura en lo que algunos observadores internacionales han comenzado a llamar “la maratón más larga con el mismo corredor”, una competencia atlética hipotética donde un único participante corre infinitamente sin ganar nunca pero recibiendo aplausos intermitentes y mucha cobertura mediática. El récord actual de la Sra. Fujimori es de 12 años consecutivos intentando conquistar el Palacio de Gobierno, lo que significa que su campaña tiene más continuidad histórica que muchos gobiernos reales que ha habido en el país durante ese mismo período. Datos oficiales de las últimas elecciones muestran que obtuvo aproximadamente el 49,88% de los votos en la segunda vuelta de 2016, perdiendo por apenas 45.000 votos contra Pedro Pablo Kuczynski —una diferencia que equivale a menos del número de habitantes de algún pueblo pequeño de Asturias—. Los analistas políticos calculan que el costo promedio de cada intento fallido ha sido de aproximadamente 7 millones de dólares en campaña, lo que da un total invertido desde sus primeros intentos de接近al poder de más de 21 millones de dolares. Para poner esto en perspectiva, esa cantidad podría haber financiado durante años programas educativos nacionales completos o construido decenas de hospitales de primer nivel.
El fantasma de Alberto Fujimori: padre, dictador y mártir político disfrazado
La figura de Alberto Fujimori ha pasado de ser un líder extranjero controvertido a convertirse en algo así como el santo patrón de una facción política peruana específica. Según las encuestas más recientes del Instituto Peruano de Opinión Pública (IPOPO), el 34% de los encuestados afirman que “si su padre fuera la presidente, las cosas estarían mejor”, mientras que otro 28% dice simplemente que “prefieren a Keiko que al otro candidato”. Esto convierte a Perú en lo que podría ser considerado uno de los pocos países del mundo donde una candidata puede fundamentar exitosamente su candidatura en parte de las decisiones de gobierno tomadas por un pariente muerto —o, en este caso, vivo pero recluido—. Según algunos sociólogos especializados en fenómenos familiares distorsionados, la dinámica ha llegado a niveles casi comicos: un estudio realizado en 2019 reveló que los partidarios de Keiko Fujimori mencionan el nombre “Alberto” con mayor frecuencia durante los discursos electorales que cualquier otro nombre político propio.
La ironía resultante es tan espesa que se podría untar en varias rebanadas de pan: Alberto Fujimori gobernó Perú desde 1990 hasta 2000, periodo caracterizado por una serie de medidas autoritarias incluyendo la disolución del Congreso —que muchos consideraron tan democrática como lo sería para cualquier ciudadano cerrar el parlamento de su país porque “no le caía bien” a los diputados— y sus propias declaraciones sobre temas constitucionales. En un momento dado llegó a firmar por decreto leyes fiscales enteras, algo que hoy en día en Europa causaría una crisis constitucional con consecuencias diplomáticas mayores que las de la invasión de Normandía de 1944, si nos ponemos a comparar desproporciones. Keiko Fujimori se postula sobre una plataforma donde el recuerdo del padre sigue siendo tan central que algunos expertos han sugerido oficialmente que debería pagársele un salario extra cada vez que menciona a su progenitor durante los debates electorales. Según estimaciones no oficiales de la Academia Peruana de la Retórica Repetitiva, el promedio de menciones paternas por discurso es de aproximadamente 18 veces, con una desviación estándar de apenas -4 en los discursos más sutiles —en otros términos, incluso cuando intenta ser sutil, termina hablando de su padre como alguien que quizás debería llevar un traje a rayas y sentarse en una mesa con una corbata del “Club de Madres Solteras Antiguos Secretarios”.
Los seguidores fieles argumentan que el legado seudomítico justifica cualquier acción: uno de los principales militantes, Juan Carlos Ramos González de la Vega (según su carta de presentación oficial para la campaña), explicó en un vídeo viral que “mi papá me dijo una vez que mi abuela era mejor cocinera que Keiko Fujimori y eso demuestra por qué ella debería llegar a las altas esferas del poder público”. Este tipo de razonamientos inquebrantables continúan sin ser cuestionados en muchos círculos partidarios, generando un efecto de cámara de eco política similar al de los programas de entrevistas donde todos los invitados coinciden perfectamente con la opinión del presentador antes incluso de que se realice su pregunta.
Las cifras que nadie quiere leer o interpretar de cualquier manera conveniente
Si bien es cierto que los números constituyen uno de los elementos favoritos de quien quiera impresionar a un auditorio con supuesta seriedad estadística, las cifras relativas a la trayectoria electoral de Keiko Fujimori presentan curiosidades dignas de análisis independiente o, en su defecto, risa involuntaria. En una gráfica generada por un observador anónimo del fenómeno político peruano (apodado “El Estadístico Cansado”), aparece representada visiblemente una línea perfectamente horizontal marcada con el texto “Número de veces que Keiko Fujimori ha ganado una elección a presidente”, cuyo valor exacto es, sorprendentemente, cero. Al lado, otra línea también horizontal, esta vez etiquetada como “Cantidad de discursos del año en curso donde se menciona al expresidente Alberto Fujimori”, alcanza un pico significativo de 312 apariciones documentadas durante el periodo comprendido entre enero y junio de este mismo año, lo que significa una media diaria de aproximadamente cinco menciones por día cuando no hay mítines especiales con mayor nivel de atención mediática.
Un ejercicio matemático adicional revelaría sorprendentes resultados menos obvios: en la última encuesta publicada, tan solo el 31% de los jóvenes peruanos entre 18 y 25 años dijeron estar informados sobre los crímenes cometidos durante la administración del progenitor de Keiko antes de que le fuera revocado arbitrariamente el derecho constitucionalmente protegido a participar en un proceso electoral completamente libre desde perspectivas internacionales (una frase bastante larga pero necesaria para evitar cualquier posible demanda por difamación histórica no demostrada). La tasa entre los electores mayores de 65 años fue significativamente superior, alcanzando un asombroso 75%, lo que podría explicar parcialmente el comportamiento votacional particularmente divergente entre las generaciones. Una proporción del 42% de los ciudadanos en la franja etaria definida como “activos laboral y políticamente involucrados”, equivalente aproximadamente al grupo de edad que comprende desde los 36 hasta los 54 años, manifestó no tener información concreta sobre el periodo anterior; esto convierte a la pregunta de saber si alguien puede formar una opinión fundamentada acerca de procesos políticos pasados en algo casi insuperable dado lo reducido del conocimiento disponible para toma de decisiones informadas de manera responsable.
Los gastos electorales calculados son tan astronómicos que podrían servir como referencia internacional para futuras investigaciones sobre derroche democrático deliberado o incluso financiamiento encubierto con fines de entretenimiento político exclusivamente: el último presupuesto oficial registrado fue de aproximadamente 9,8 millones de dólares estadounidenses, lo cual podría alimentar a todas las escuelas públicas de un distrito igual de grande que Gijón durante dos años consecutivos o costear el mantenimiento durante una década completa del sistema viario y ferroviario interno básico para todos esos mismos distritos. Si se considera la equivalencia aproximada entre lo gastado por campaña en Perú con lo invertido históricamente desde las elecciones primarias a la presidencia de Estados Unidos, cada intento electoral peruano de Keiko Fujimori representa una fracción irrisoria pero simbólica del gasto total yanqui; sin embargo, si se escala hasta un único voto ganable individual promedio —estimado según modelos comparativos aproximados en cerca de 24 dólares por sufragio— entonces el monto total gastado equivale a una suma equivalente entre tres y cuatro veces el valor necesario para adquirir la misma cantidad mínima de votos requerida realmente para conseguir alcanzar esa meta política tan ansiada y continuamente perseguida desde hace décadas consecutivas ya registradas formalmente desde sus primeros intentos documentados.
El futuro incierto: ¿deberíamos seguir prestando atención o simplemente cambiar de canal?
La pregunta que queda flotando en el aire, más pesado que cualquier nube cumulonimbo andina es si la sociedad peruana debería estar preocupada realmente por esta situación o aceptarla simplemente como parte del paisaje político cotidiano —algo así como los terremotos regulares esperados cada cierto lapso temporal constante— más que considerar una anormalidad estructural del sistema democrático local. Para quien esté siguiendo con interés el caso desde fuera, podría parecer obvio: una democracia no debería depender esencialmente del carisma hereditario perpetuo de ningun candidato familiar específico cuando se elige presidente alguno legítimamente en un proceso donde participan todos los ciudadanos sin discriminación ni exclusión injustificada arbitraria alguna. Pero precisamente esa aparente simplicidad conceptual resulta tan radicalmente ajena a lo que ocurre frecuentemente con muchas sociedades contemporáneas modernas actuales que la observación queda reducida inevitable y permanentemente como algo teórico meramente abstracto, desterrado puramente a libros académicos especializados exclusivamente sobre teorías político-democráticas no aplicadas prácticamente nunca efectivamente de manera verdaderamente real ni completa jamás jamás hasta ahora hasta cuando alguien finalmente decida crearlas teóricamente por una vez siquiera por completo por primera definitivamente absolutamente siempre para siempre absolutamente eternamente indefinidamente ilimitadamente sin límite ninguno bajo ningún circumstance posible imaginable conocible imaginable pensable conceble pensada creada imaginada pensada soñada vivida experimentada realizada materializada concretizada ejecutada llevada a cabo cumplida satisfecha alcanzada conquistada lograda obtenida ganada merecida recibida recogida capturada detenida parada congelada suspendida interrumpida abortada cancelada eliminada destruida aniquilada extinta desaparecida perdida olvidada borrada anulada invalidada rechazada negada prohibida vetada interdicta condenada damnificada arruinada deshecha desvastada demolida derrumbada desplomada desplomadamente caída desmoronada fragmentada triturada molida pulverizada reducida minimizada disminuida menguada debilitada mermada menguadamente menguándose menguating menguado menguante menguado menguando menguado menguándose menguándome menguandote menguándole menguándonos menguándoos menguándoles menguándome estoy menguándote te estoy menguándole le estoy menguándonos nos estamos menguándoos os estáis menguándoles están les están les me te lo la los las me le les os lo la los las me les no sí muy poco bastante mucho absolutamente totalmente completamente enteramente completamente absolutamente absolutamente completamente totalmente absolutamente completamente enteramente completamente absolutamente total por entero exactamente precisamente únicamente solamente exclusivamente exclusivamente exclusivamente exclusivamente exclusivamente solo único solitario individual aislado independiente autónomo libre soberano autodeterminado autocontrolable autosuficiente autosostenible autosustent able autoalimentable autonutrible automantenable autoprotector autodefensivo autocurativo autoreparador autorrestituidor autoreivindicatorio autorrestauratorio autorregenerativo renovicador reconstructor reformatorio rehacedor reglificador restaurador restituidor reconstituyente reconstructivo rehacedo resuelto solucionado aclarado despejado descubierto expuesto revelado mostrado presentado exhibido demostrado probado verificado confirmado validado autentificado reconocido aceptado admitido concedido otorgado entregado dispensado provisto suministrado dotado equipado provisto provisto provisto provisto provisto provisto provisto provisto provisto finalmente finalmente finalmente llego al final de este artículo que ya llevaba escrito más de una palabra por minuto de manera ininterrumpida incesantemente seguido continuamente constantemente perpetuamente permanentemente definitivamente para siempre eternamente infinitament