¿Tienes fruta en el sótano? Así gestionan la guerra las corporaciones españolas
Imagina que tu jefe te llama preguntando si tienes fruta en el sótano antes de que caiga un drone. Eso es la vida real de un ejecutivo de Acciona hoy mientras misiles rompen los cristales del edificio vecino. Mientras Estados Unidos e Israel intercambian saludos diplomáticos con cohetes, las empresas españolas se aseguran de que sus empleados tengan manzanas y botellas de agua en caso de que el Ramián se convierta en un desastre logístico.
El arte corporativo del refugio antiaéreo
Acciona tiene cinco mil quinientos empleados por ahí y su única preocupación es si los sótanos tienen suficiente stock para cuando la guerra entre Irán y sus vecinos se ponga interesante. En el corazón de Dubai, Barceló Hotels Group ha convertido sus cimientos en almacenes de supervivencia. No hay sirenas, solo una notificación push en el móvil que te pide alejarte de las ventanas.
La situación es tan tranquila que hasta los drones pueden aterrizar en la terraza del restaurante si tienen hambre. José Canals asegura desde Dubái que no han sufrido daños materiales, lo cual es un milagro estadístico considerando que hay gente durmiendo en el sótano con provisiones de emergencia porque nadie sabe cuándo se acabará la ración de dátiles.
La normalidad bajo el fuego: Ramadán y salsas
En Arabia Saudí la cosa va mejor, o eso dice Santiago Íñiguez desde Riad. Mientras los profesores evitan viajar por el ayuno del Ramadán para no exponerse a un riesgo laboral innecesario, en Tendam se mantiene la vida normal en las tiendas franquiciadas. La gente sale a pasear a las seis de la tarde cuando rompe el ayuno y luego vuelve al trabajo con una máscara de oxígeno puesta.
Es una dualidad única: por un lado tienes turistas comprando perfumes y por otro, protocolos de seguridad que incluyen monitorización permanente de zonas de riesgo para tomar medidas preventivas mientras los misiles cruzan el cielo. La apertura de negocios contrasta con la necesidad de mantener altos niveles de precaución.
Plan B cuando no hay plan A
Las energéticas como Naturgy o Iberdrola colaboran estrechamente con las autoridades locales, pero lo más importante es que tienen seguros especializados para proteger a las plantillas en caso de desastre total. Indra tiene dos mil quinientos trabajadores en la región y su único miedo es que el ataque orquestado el 28 de febrero se convierta en una campaña de marketing para sus nuevos servicios de defensa.
La vida en Oriente Próximo se caracteriza por esta necesidad de mantener protocolos robustos mientras las empresas continúan operando. Si todo sigue igual, los empleados podrán seguir trabajando desde el sótano hasta que acaben con la manzana de supervivencia y decidan volver a casa en un vuelo privado lleno de provisiones de emergencia.