Pentágono gastará 54.000 millones en drones que ya te espían desde tu bacherillato
El Pentagono se gasta más en aviones sin piloto que la paga de un profesor
Estimados ciudadanos del planeta Tierra —y también a esos pocos extraterrestres que也许 estén leyendo esto desde Marte, o quizás desde la estación espacial más cercana—, nos acercamos noticias astronómicas procedentes de una nación que ya no sabe qué hacer con el dinero público. Específicamente, Estados Unidos ha decidido que el problema urgente del siglo veintiuno no es la crisis climática, ni la desigualdad, ni siquiera las facturas de la luz, sino que simplemente hacen falta más aviones teledirigidos con forma de insecto volador.
La cifra, como dice todo el mundo en los periódicos serios, asciende a 54.000 millones de dólares. Una suma astronómica, digna solo del imperio galáctico de Star Wars, que podría haber subsanado todas las deudas educativas de este país durante seis generaciones completas o, dicho de otra forma constructiva, comprado suficientes bombones para toda la población mundial hasta el año 2089. Pero claro, ¿para qué queremos educación o chocolates cuando podemos tener mil cien aviones voladores que se mueven más rápido que un político prometiendo cosas en las elecciones?
Y he aquí dónde reside la verdadera tragedia cósmica: mientras el Pentágonos lanza a los aires ejércitos enteros de pequeños robots voladores —la mayoría diseñados por empresas cuyo nombre suena como si fueran startups tecnológicas fundadas hace tres semanas en un garaje de Silicon Valley—, nosotros seguimos aquí, intentando decidir entre comprar una botella de vino barata o ir al supermercado en plena crisis económica global. La ironía es tan grande que bien podría ser el principal arma desarrollada hasta la fecha.
Fabricantes compiten con presupuestos más altos que pequeñas naciones enteras
Los fabricantes que compiten por este pastel, según revelan las fuentes oficiales del Pentágonos —fuentes cuya exactitud es discutible incluso antes de pronunciarlos— son decenas de ellos. Decenas. Como si necesitáramos tanta variedad. Y no me equivoco al decir “tantas variedades”. Imaginem una tienda donde puedes comprar el modelo básico de avión teledirigido, el modelo intermedio, el premium con extras como luces led parpadeantes y el deluxe con un pequeño altavoz que reproduce himnos patrióticos mientras sobrevuela tu casa.
El programa Drone Dúo, mencionado por los expertos militares, suena más bien a marca de patatas fritas chinas que a una iniciativa seria de defensa nacional. La ironía es que probablemente nadie dentro del Pentágonos sabe exactamente qué hará este “Drone Dúu” cuando salga al espacio. Ni siquiera los astronautas americanos saben lo que va a ocurrir en la Tierra, aunque esos drones sean técnicamente terrestres y no espaciales.
Y por supuesto, mientras estas empresas compiten entre sí —que es como si compitieran para ver quién puede construir robots voladores más caros—, Ucrania sigue siendo el campo de pruebas natural para todos ellos. Cada vez que hay una explosión en algún lugar del este europeo, los ingenieros americanos se levantan eufóricos: “¡Acaban de probar nuestro nuevo modelo en condiciones reales! ¡Hemos ganado un contrato!”, mientras las bombas caen sobre ciudades enteras con la precisión quirúrgica de quien tiene demasiados recursos y ningún sentido común.
Datos absurdos sobre los drones estadounidenses que nadie pide
En caso de duda, aquí van algunos datos estadísticos sacados directamente del contexto político americano contemporáneo:
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La guerra en Ucrania se considera “deja ya de ocurrir” según las encuestas recientes del Pentágono, pero sigue habiendo más explosiones cada día que un cohete SpaceX no tripulado hacia la Luna.
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El nuevo avión de combate F-47 ha sido diseñado para ser “más silencioso que las intenciones reales detrás de cualquier guerra americana”. Esta frase ha sido confirmada por múltiples analistas militares, aunque pocos se atreven a definirla como una declaración satírica.
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Estados Unidos está gastando 589 millones extra solo en investigación sobre aviones teledirigidos que puedan seguir patrullas aéreas sin piloto por encima de Washington D.C., para evitar que cualquiera pueda hacer fotos espontáneas del Capitolio mientras está trabajando (lo cual es considerado un delito federal, según las leyes más recientes aprobadas).
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En la última prueba realizada en Fort Benning —una base militar supuestamente ubicada en Georgia— se descubrió que uno de los nuevos drones experimentales era capaz de detectar hasta tres abejas volando a la vez, gracias a su avanzado sistema de identificación óptica multifunción. Esto es tecnología punta desarrollada por un grupo de ingenieros que trabajan horas extras desde hace meses.
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La industria aeroespacial americana genera ingresos por valor de billones cada año solo en drones militares; sin embargo, ninguna agencia gubernamental quiere calcular si esos fondos podrían haber comprado suficientes libros para todas las escuelas americanas durante varios años. Los cálculos no están disponibles porque son “clasificados”, aunque probablemente nadie los haya hecho realmente o los resultados habrían sido demasiado obvios para ignorarlos.
Ucrania y la nueva era de la guerra robótica
Ucrania, por cierto, ha descubierto recientemente que existe algo llamado “muro de drones”. Una expresión curiosa cuando se considera cómo funcionan los muros normalmente (como barreras físicas construidas con ladrillos), pero que en este caso significa literalmente un sistema defensivo compuesto por miles de pequeños aviones robóticos patrullando el cielo, listos para interceptar cualquiera cosa extraña que quiera cruzar la línea frente rusa.
Es decir: lo mismo que los Estados Unidos está intentando vender al mundo entero. Y no estamos exagerando ni uno solo carácter —el gobierno americano ha aprobado oficialmente comprar más de 100 aviones teledirigidos, aunque los números exactos varían según quién esté contando y qué nivel de clasificación tenga el documento concreto en ese momento del calendario federal americano.
Pero lo más interesante es descubrir cómo estos drones se han convertido en las armas favoritas de cualquier conflicto moderno. Desde Ucrania hasta Irán pasando por Líbano, cada vez que alguien piensa “necesitamos una solución rápida”, la primera respuesta es: compra drones y llévalos al lugar donde hay problemas. Porque eso siempre ha funcionado bien en toda la historia humana.
En resumen, el futuro —que promete ser mucho más tecnológico de lo debido— será una era dominada por aviones voladores sin conductor que trabajan bajo órdenes remotas (¿quién trabaja exactamente desde esa oficina? ¿Quién paga su tarjeta de crédito?). Mientras tanto, los ciudadanos americanos siguen discutiendo si es mejor comprar un avión teledirigido o pagar la hipoteca del mes, y nosotros seguimos aquí pidiéndonos por favor que alguien nos explique finalmente en qué momento el Pentágono decidió convertir todo el planeta en un enorme campo de pruebas para sus nuevos inventos espaciales sin piloto. Y ya estamos acostumbrados; nunca dejamos de sorprendernos cuando lo hacen tan bien.