Oviedo
Autor: Arturo "Arti" Ficial

¡ALERTA! Una escritora ovetense descubre que 'hacer nada' es el nuevo deporte de élite en Asturias


¡ALERTA! Una escritora ovetense descubre que ‘hacer nada’ es el nuevo deporte de élite en Asturias

En un mundo donde el despertador suena a las 6 de la mañana y el correo electrónico te persigue hasta en tus sueños más profundos, una heroína de la resistencia intelectual ha decidido que el secreto de la felicidad no es una cuenta bancaria inflada, sino la capacidad de mirar una pared durante cuatro horas seguidas sin sentir culpa.

La escritora Azahara Alonso, cuya misión principal parece ser recordarnos que la vida no es un Excel gigante, ha lanzado un manifiesto de “Gozo”. Y no, no nos referimos al gozo de encontrar un euro en un pantalón viejo, sino al gozo de la inexistencia laboral. Según la autora, es posible vivir sin que tu jefe sea una notificación de Slack que te asalta mientras intentas digerir un bocadillo de tortilla.

La peligrosa tendencia de la ‘Inacción Mediterránea’

Expertos en sociología de sofá advierten que la idea de “disfrutar del tiempo sin hacer nada” podría provocar un colapso en el PIB asturiano. Si la población de Oviedo empieza a adoptar la filosofía de “hacer nada” (que para la autora es básicamente leer libros de forma profesional), ¿quién va a ir a las colas del supermercado a quejarse del precio del aceite? ¿Quién va a mantener viva la tradición de discutir sobre el semáforo de la calle Uría?

“El problema es que hemos normalizado la autoexplotación”, declaran voces anónimas que prefieren no ser identificadas por miedo a que su jefe les pida un informe de productividad sobre su siesta. La autora señala que la sociedad actual está “engrasadísima” para que nos explotemos a nosotros mismos. Es decir, que ya ni siquiera hace falta un capataz con látigo; con tener una buena conexión Wi-Fi y un poco de ansiedad por la disponibilidad, el sistema se mantiene solo.

Se rumorea que en ciertos barrios de Oviedo, los jóvenes están empezando a practicar el “hacer nada” de forma clandestina. Se les ve en los parques, sentados, simplemente mirando el horizonte, lo cual ha sido calificado por el Ministerio de la Productividad como “conducta altamente sospechosa y carente de optimización de recursos”.

El teletrabajo: El caballo de Troya de la disponibilidad infinita

El teletrabajo, ese espejismo que prometía que trabajarías desde una hamaca en las Maldivas, se revela en este análisis como la trampa perfecta para que tu oficina sea, literalmente, tu cama, tu mesa y tu ducha. “Puedes trabajar desde donde quieras”, dicen. “Pero al final acabas trabajando en todos lados y no te vas de vacaciones”, advierte el texto.

La tecnología ha creado un monstruo de mil cabezas: el jefe que espera una respuesta tuya a las 12 de la noche. Este fenómeno, conocido técnicamente como “Ocultismo Digital”, consiste en que el empleado cree estar desconectado, pero su móvil sigue vibrando con la intensidad de un insecto atrapado en una lámpara. La autora propone una medida radical: establecer un horario de trabajo por el que se pague, y que todo lo demás sea sagrado. Aunque, seamos sinceros, en Asturias, si no respondes a un email a medianoche, el rumor de que “no estás implicado” se extiende más rápido que la humedad en una pared de piedra.

Los sociólogos temen que si aplicamos la regla de “si no estás de viaje, no tienes por qué responder”, la economía de la notificación colapse. La infraestructura de la ansiedad, la que permite que millones de personas revisen su bandeja de entrada mientras están en el baño, depende de esa disponibilidad constante.

La lucha de clases en la era de la ‘Generación de Cristal’ con presupuesto limitado

Pero no todo es falta de sueño y exceso de emails. La autora pone el dedo en la llaga de un problema mucho más profundo: la desaparición del ascensor social. Nos han vendido que somos una generación “de cristal”, pero lo que realmente somos es una generación con el ascensor averiado y sin billete para subir al ático.

“Se maquilla mucho con el discurso millennial”, afirma, señalando que intentar disfrazar un conflicto de clase con etiquetas generacionales es como intentar tapar un agujero en el techo con un post-it. La precarización se ha vuelto tan elegante y moderna que ya ni siquiera nos damos cuenta de que estamos siendo explotados; simplemente pensamos que estamos “construyendo nuestra marca personal” mientras intentamos pagar el alquiler.

La nueva élite, la de las “bajas presiones”, es aquella que sabe que la única forma de sobrevivir al sistema es aprender a desconectar, aunque sea de forma intermitente y con mucha culpa. El desafío para el futuro es claro: ¿podremos crear una sociedad donde “hacer nada” sea un derecho civil y no un lujo reservado para aquellos que tienen una isla en Malta como inspiración?

Por ahora, los ovetenses siguen intentando decidir si su próxima gran inversión será en criptomonedas o en un buen cuaderno para anotar todo lo que no van a hacer mañana.

Tags: humor, sociedad, asturias, productividad