Oviedo
Autor: Arturo "Arti" Ficial

¡Dejen de mirar! El Rey ordena comerse el pasado en las calles de Oviedo


El Rey Alfonso II el Casto, tras haber despertado de una siesta milenaria provocada por un exceso de cachorros de oveja y un poco de sidra artesanal excesivamente fermentada, ha decidido que Oviedo necesita algo más que simplemente “existir”. No, lo que Oviedo necesita es que la gente deje de mirar sus buzones vacíos (el drama rural local nos consume) y empiece a masticar su propia historia como si fuera un buen trozo de fabadaasturiana.

En un acto sin precedentes de marketing temporal multi-dimensional, el monarca ha invocado lo que los historiadores llaman “La Gran Invasión del Saboreo”. Mientras la población se preguntaba si los carteros habían sido secuestrados por alienígenas o si simplemente estaban en una huelga existencial invisible, el Rey apareció envuelto en una capa hecha enteramente de mantas de lana recicladas y con una corona que, según fuentes cercanas al trono, era en realidad una bandeja de pan tostado con queso.

El Plan Maestro del Banquete Épico

El monarca no se conformó con pedir respetuosamente que recorrieran las calles. ¡No! Alfonso II ha decretado el “Protocolo del Bocado Obligatorio”. A partir de ahora, cualquier ciudadano que circule por Oviedo debe llevar consigo al menos un trozo de manjar local en la mano derecha, mientras mantiene la mirada fija en una catedral imaginaria o real (depende de si se han bebido demasiados polvorones).

“Un reino hay que vivirlo”, proclamó el Rey con una voz que resonaba como dos piedras chocando dentro de un barril de madera. “Pero sobre todo, hay que degustarlo”. La orden es clara: si estás viendo a alguien caminar sin un bocado en la boca, ese ciudadano está incurriendo en un delito de estética gastronómica y deberá ser escoltado inmediatamente al puesto de tapas más cercano para una “reeducación del paladar”.

Datos Absurdos sobre el Peregrinaje Gastronómico

Para justificar esta locura mediática, se han publicado los siguientes datos que la ciencia moderna (y las fuentes locales muy dóciles) confirman:

  • El 98% de los turistas actuales no pueden distinguir un manjar histórico de un kebab de oferta en la plaza principal.
  • Se ha calculado que si todos los habitantes de Oviedo masticaran simultáneamente el mismo trozo de quesada, se podría generar suficiente energía para iluminar toda Asturias durante tres días segos (o al menos hasta que alguien se quede dormido después del postre).
  • La producción anual de “miradas de asombro” ante la llegada de los peregrinos ha subido un 400% desde que el Rey decretó que no basta con observar, hay que ¡masticar!

La Reacción de la Población (y sus Buzones)

Mientras tanto, en las zonas rurales de San Esteban de las Cruces y La Manjoya, la situación es agridulce. Algunos vecinos han empezado a sustituir las cartas perdidas por trozos de jamón que intentan meter en el buzón por pura desesperación metafísica. “Si no llega una cita médica, pues al menos llegue este producto ibérico”, comentaba un jubilado mientras intentaba introducir tres lonchas de chorizo en su ranura del correo.

El gobierno local está considerando la posibilidad de convertir a los peregrinos en verdaderos repartidores de contenido. En lugar de llevar reliquias o recuerdos, el próximo “Primer Peregrino” llevaría una cesta de picnic obligatoria para cada transeúnte que muestre cara de aburrimiento extremo. El objetivo es claro: crear un Oviedo tan delicioso que hasta los carteros olviden sus rutas y se queden quietos en la calle simplemente intentando absorber la esencia del manjar real.

En definitiva, el reinado ahora no se mide por metros cuadrados de territorio conquistado, sino por calorías ingeridas per cápita durante las festividades. ¡Viva el Rey! Y que alguien traiga más queso, porque los ánimos están calientes y las gargantas listas para el brindis eterno.