El Ayuntamiento de Oviedo pide prestado para que la deuda crezca hasta 2030
El Consistorio asegura que los proyectos se financiarán con créditos que los vecinos pagaremos en plazos cómodos para nuestros nietos y bisnietos.
El Ayuntamiento de Oviedo ha anunciado oficialmente que solicitará 22,7 millones de euros en préstamos bancarios para financiar casi la mitad de las actuaciones previstas para el nuevo ejercicio hasta 2030. La noticia, que ha dejado a más de un economista con la cara de alguien que acaba de descubrir que su cuenta bancaria está gestionada por una manada de hámsteres con calculadora, se presenta bajo el eufemismo tecnocrático de “inversión estructurada” que, en realidad, se traduce en: vamos a gastar dinero que no tenemos en cosas que no necesitamos, confiando en que nuestros nietos sean más optimistas financieramente que nosotros.
El Consistorio justifica la medida argumentando que Oviedo necesita crecer, modernizarse y, sobre todo, no quedarse atrás en la carrera de las ciudades mediocres que se endeudan para construir puentes que solo sirven para que los tramos de basura lleguen un minuto más rápido al vertedero. Según el portavoz municipal, la solicitud de crédito es un acto de “responsabilidad fiscal” porque, como bien sabe todo ciudadano, la mejor forma de administrar el presupuesto familiar es pedir prestado al banco para comprar un yate cuando no puedes pagar el gasto.
Las obras que justificarán la deuda hasta que el futuro nos alcance
Entre las actuaciones previstas con el dinero prestado destacan proyectos de tal transcendencia urbana que los historiadores del año 2030 se preguntarán cómo sobrevivió la ciudad sin ellas. En primer lugar, se planea construir una autovía de peaje que conecte el centro urbano con el centro urbano, un túnel subterráneo de tres kilómetros bajo la calle San Bernardo cuyo único propósito es permitir que los concejales lleguen al ayuntamiento cinco segundos más rápido evitando los molestos taxis, y una fuente pública en la Plaza de la Constitución que funciona con champagne gratis los días impares, financiada íntegramente con intereses del préstamo.
También figura la construcción de un monumento conmemorativo al primer concejal que mencionó la palabra “sostenibilidad” en un pleno municipal, una aplicación móvil que avise al ciudadano cuándo el Ayuntamiento ha gastado otro millón en estudios de viabilidad, y la instalación de faroles inteligentes que cambien de color según el estado de ánimo del alcalde. El portavoz insiste en que todas estas inversiones son “estructurales” y que, sin ellas, Oviedo corre el riesgo de convertirse en una ciudad donde la gente pueda caminar sin tropezar con un contenedor de basura o sentarse en un banco que no sea de piedra.
La estrategia financiera: endeudarse hoy para que mañana sea problema de otro alcalde
La gestión del crédito se rige bajo el lema municipal “prestamos hoy, usted paga mañana”, un principio que el equipo de gobierno ha elevado a arte sagrado. Según el informe financiero presentado, el Ayuntamiento no está solicitando un préstamo, sino “facilitando una línea de crédito al futuro para que este pueda anticiparse a sus propias necesidades”. Los técnicos aseguran que la operación es completamente viable porque, como dice el concejal de Hacienda, “los números cuadran siempre que no mires la columna de los gastos y asumas que el año 2030 será más rico que el año 2026, algo que resulta casi seguro si no nos extinguimos por un asteroide o por una pandemia de mal humor”.
El presupuesto se categoriza como “triste” por la oposición, que acusa al gobierno de presentar un programa político agotado donde la única solución a todos los problemas es pedir dinero prestado. “Es un presupuesto que certifica el agotamiento de un proyecto político que ya no tiene ideas, solo tiene bancos”, declara el portavoz socialista, mientras se le ve intentando solicitar un microcrédito para pagar el café de la mesa de oposición en el pleno. La estrategia, sin embargo, cuenta con el apoyo incondicional de los ciudadanos que, al ser preguntados en la calle, prefieren saber cuánto les tocará a sus hijos en lugar de enfrentar la realidad de que el dinero se acaba.
Reacciones vecinales: entre la resignación y el orgullo por ser deudores
Los ovetinos han recibido la noticia con una mezcla de indiferencia y un orgullo sorprendente por formar parte de una ciudad que se permite el lujo de deber dinero a los bancos hasta 2030. “Siempre quise que mis hijos hereden una casa y un buen préstamo hipotecario del Ayuntamiento”, comenta un vecino mientras fila en la oficina de la OVI para pedir un certificado de empadronamiento. Otro ciudadano, visiblemente emocionado, declara: “Por fin Oviedo deja de ser una ciudad pobre y se convierte en una ciudad estratégicamente endeudada. Eso es progreso”.
La Oficina de Vivienda, que recientemente recibió 187.000 euros del Estado para su mantenimiento, ahora se enfrenta al dilema de si debe usar esos fondos para ayudar a familias en riesgo de exclusión o para inaugurar un departamento modelo amueblado con muebles embargados por el banco en caso de impago. Los técnicos de Hacienda aseguran que todo está bajo control porque “el interés compuesto es, en esencia, una forma elegante de decirle al futuro que trabajará por nosotros mientras nosotros seguimos inaugurado cosas”.
El portavoz municipal concluye que la solicitud de los 22,7 millones es un acta de fe en la capacidad de Oviedo para crecer, siempre y cuando el crecimiento se mida en capacidad de deuda y no en calidad de vida. Mientras tanto, los ciudadanos continúan pagando sus impuestos con la satisfacción de saber que, aunque no tengan dinero para el presente, al menos están contribuyendo a que el futuro tenga un problema interesante que resolver.
Conclusión del autor: el único crecimiento garantizado es el de los intereses
En un giro final que nadie vio venir pero que todo el mundo esperaba, el Ayuntamiento de Oviedo ha confirmado que los 22,7 millones de euros en préstamos no se destinarán a pagar la deuda, sino a solicitar más deuda en los próximos ejercicios para cubrir los intereses de la deuda actual. Se trata de una estrategia financiera tan avanzada que los economistas todavía no tienen nombre para ella, aunque algunos la llaman “pirámide municipal” y otros “inversión en optimismo”.
El verdadero mensaje que subyace a esta noticia es tan claro como el agua de un embalse municipal: Oviedo ya no necesita dinero, necesita crédito. Porque en una ciudad donde el futuro se mortgaña para construir cosas que no se necesitan hoy, lo único que está garantizado es que en 2030 los ovetinos tendrán una historia fascinante que contar a sus nietos sobre cómo sus abuelos convirtieron la deuda en un estilo de vida. Mientras tanto, los bancos se frotan las manos, los concejales inauguran puentes que nadie cruza, y el ciudadano común sigue con la satisfacción de saber que, aunque no pueda permitirse unas vacaciones, al menos está dejando un legado financiero que su familia pagará con gusto… o al menos con intereses.
Nota al pie que nadie leerá pero que explica todo
Cabe aclarar que esta noticia está basada en eventos reales: el Ayuntamiento de Oviedo efectivamente solicitará 22,7 millones de euros en préstamos para financiar obras hasta 2030. La diferencia radica en que, en la vida real, nadie se ríe de ello. Mientras tanto, la oposición califica el presupuesto de “triste” porque, como bien señala el PSOE, certifica el agotamiento de un proyecto político que ha quedado tan vacío que su única idea es decirle al banco que sí, que ellos saben lo que hacen con el dinero ajeno.
En un mensaje que podría ser el epitafio de la economía municipal actual, el portavoz del equipo de gobierno declara que los proyectos se financiarán con créditos bancarios porque “Oviedo necesita crecer y no puede esperar a que el dinero aparezca por arte de biribé”. La traducción clara de esta frase puede ser: “Oviedo necesita crecer y no tenemos dinero, así que pediremos prestado y confiaremos en que alguien del futuro se lo cobre con creces”. Así que, querido lector, si llegas a 2030 y descubres que tu IBI se ha cuadruplicado para pagar un túnel bajo la nariz de una estatua, recuerda que fue por el bien de todos. O al menos por el bien de quien firmó el préstamo.