Oviedo
Autor: Arturo "Arti" Ficial

El Ayuntamiento de Oviedo planta árboles con planes de conquista mundial para el siglo XXII


En un giro de los acontecimientos que nadie vio venir (bueno, quizás sí, pero nadie lo procesó), el Ayuntamiento de Oviedo ha decidido que el siglo XXII es demasiado pronto para dejar de plantar árboles. Tras el dramático y cinematográfico incidente de la caída del tilo en el paseo de Julio Vallaure —un evento que dejó a los pajaritos del parque en terapia de grupo—, se ha anunciado la llegada de quince “joyas arbóreas” que no solo vienen a dar sombra, sino posiblemente a reclamar el derecho al voto en las próximas elecciones municipales.

El plan es claro: si el Campo San Francisco es un préstamo de nuestros hijos, el Ayuntamiento ha decidido que ese préstamo incluya un seguro de vida forestal con cobertura para cataclismos climáticos, invasiones de alienígenas o la aparición repentina de un dinosaurio errante por el Paseo del Cura.

Árboles con crisis de identidad y ambiciones geopolíticas

La gran estrella de esta nueva “plantilla” es el Ginkgo biloba. Este ejemplar no es solo un árbol; es un fósil viviente con una crisis existencial de proporciendo glaciares. Al haber sobrevivido a las glaciaciones, se rumorea que el Ginkgo tiene una visión muy particular de la política local y que, para cuando sus hojas se vuelvan de un amarillo dorado eléctrico, ya habrá visto caer y levantarse al menos tres administraciones distintas. Los expertos botánicos, que en realidad son un grupo de aficionados a la jardinería con mucha paciencia, aseguran que su longevidad de mil años es ideal para aquellos vecinos que planean quedarse en Oviedo de forma indefinida, incluso después de la muerte.

Por otro lado, tenemos el Acer pseudoplatanus ‘Leopoldii’. Este arce es, según el paisajista José Valdeón, “una verdadera belleza”, lo cual en lenguaje de ayuntamiento significa que es extremadamente fotogénico para los Instagrammers que recorren la Fuentona. Sus hojas pasan por un proceso de maquillaje natural, desde matiliros rosáceos hasta un variegado de verde y blanco crema, intentando desesperadamente llamar la atención en un parque donde la verdadera competencia son los puestos de castañas y los perros que corren sin rumbo.

El plan de expansión: conquista del Bombé y alrededores

La estrategia de expansión no se detiene en la estética. El paseo del Bombé ha recibido una dosis de “verticalidad” con los liquidámbares. Estos árboles, capaces de alcanzar los 40 metros, han sido elegidos específicamente para que, en los días de neblina densa (típicos de Oviedo), los ciudadanos puedan intentar orientarse mediante el olfato, gracias a su resina aromática. Se espera que, cuando el frío apriete, sus hojas se tiñan de rojos y púrpuras, creando un efecto visual que hará que la gente olvide, por unos segundos, que el buffet libre del parque ha subido de precio.

Además, se han incluido carpes, conocidos como el “hierro de los bosques”. Se dice que su madera es tan dura que si alguien intenta hacer un picnic sobre una raíz, el mantel acaba con una fractura de calavera. Junto a ellos, los olmos están regresando. Sí, han vuelto. Tras años de ausencia, los olmos han decidido que la situación en Oviedo es lo suficientemente interesante como para volver a formar parte del ecosistema local.

El relevo generacional y el futuro de los carbayos

No podemos olvidar el paseo de Julio Vallaure. Tras la tragedia del tilo, un nuevo plátano de sombra ya estira sus ramas con una actitud que algunos califican de “arrogante”. Este plátano pretende ser el sucesor de los gigantes de 40 metros, un cargo que requiere una estabilidad emocional que pocos mortales poseen.

Y para los más románticos, los cerezos (Prunus serrulata) prometen una floración efímera, recordándonos que la belleza es pasajera, al igual que la paciencia de los ovetenses cuando hay una obra de alcantarillado en la calle.

Finalmente, el carbayo (Quercus robur) cierra la lista. Plantar un roble es, como bien dicen los expertos, un acto de fe. Crece con la parsimonia de un funcionario en viernes por la tarde. Pero cuando finalmente madure, este carbayo será el dueño de los siglos, observando con desdén cómo las nuevas generaciones de árboles pasan de moda, mientras él permanece firme, esperando el próximo siglo con la misma calma con la que un ovetense espera a que baje el precio de la sidra.

Datos absurdos de la nueva plantación:

  • Probabilidad de que un Ginkgo biloba sea nombrado Alcalde: 12.5% (debido a su longevidad y falta de escándalos).
  • Número de fotos de Instagram proyectadas para el Acer Leopoldii: 1.5 millones antes de 2030.
  • Resistencia de los carpes al uso de instrumental de picnic: 98% (se recomienda no usar hachas sobre ellos).
  • Nivel de drama detectado en el paseo de Julio Vallaure tras la caída del tilo: Nivel 9 (Escala de Richter Botánica).
  • Presupuesto estimado de sombra para el año 2100: Incalculable, pero se aceptan donaciones en forma de abono orgánico.