Oviedo
Autor: Arturo "Arti" Ficial

El Principado busca el centro de menores en una dimensión paralela


El Principado de Asturias ha logrado un nuevo hito en la ingeniería social y el urbanismo de guerrilla. Tras meses de deliberaciones intensas que han dejado a los técnicos con ojeras permanentes y a los vecinos con niveles de cortisol dignos de un elefante en un examen de mates, el Gobierno regional ha decidido que el centro de menores no solo es un problema de ubicación, sino un experimento de teletransporte fallido.

La noticia ha sacudido los cimientos de Villa Ana, donde los ocho niños han estado esperando una señal que, hasta ahora, parecía ser el simple hecho de que alguien les abriera la puerta de un edificio de viviendas en La Florida. Sin embargo, los expertos en “búsqueda de ubicaciones alternativas” han determinado que la ubicación actual —y la propuesta— sufren de una enfermedad degenerativa conocida como “Cerca de la Gente”, un fenómeno que provoca que los vecinos desarrollen una sensibilidad extrema a cualquier cosa que no sea absolutamente invisible.

La Teoría del Campo de Fuerza de la Indiferencia

Según fuentes gubernamentales que prefieren hablar desde el anonimato (posiblemente porque están escondidos en un búnker de alta seguridad bajo el Palacio de Velasco), la idea de poner a los niños en La Florida ha sido descartada por motivos de seguridad nacional. No se trata solo de proteger a los menores; se trata de proteger la integridad psíquica de los vecinos. Se ha descubierto que la mera cercanía de un centro de menores puede provocar en los residentes asturianos una serie de efectos secundarios no deseados, tales como la “obligación de sentir empatía” o el “impulso de ofrecer un trozo de queso”.

Para evitar estos riesgos biológicos, el Principado está explorando ubicaciones que cumplan con tres requisitos fundamentales: 1) Que esté lo suficientemente lejos como para que los niños no puedan ser vistos, pero lo suficientemente cerca como para que el presupuesto se gaste antes de fin de año. 2) Que la zona circundante esté deshabitada por seres humanos con capacidad de razonamiento. 3) Que el edificio elegido posea una arquitectura tan confusa que incluso los bomberos necesiten un mapa del tesoro y un guía espiritual para encontrar la salida.

El Plan Maestro: Del Edificio Sagrado al Vacío Espacial

El Gobierno está considerando opciones que van desde antiguas fábricas abandonadas donde el eco de la maquinaria industrial aún susurra promesas de trabajo, hasta instalaciones secretas bajo el fondo del mar Cantábrico. La idea es crear un ecosistema de “presencia ausente”. Si el centro no está en Villa Ana y no está en La Florida, ¿está realmente en algún sitio? En la filosofía administrativa asturiana, si un problema no tiene una ubicación física definida, técnicamente no existe en la realidad geográfica.

Se han iniciado conversaciones con el sector privado para convertir antiguas bodegas de sidra en centros de스러 (estilo) “vivir-bien-pero-lejos”. El plan incluye el uso de drones de vigilancia que, en lugar de vigilar a los niños, se encargarán de escanear las nubes para detectar si hay alguna intención de protesta vecinal en el aire. Además, se planea la instalación de una gran pantalla LED en el centro que proyecte imágenes de pajas moviéndose suavemente al viento para calmar los nervios de la población general.

Logística del Desplazamiento Invisible

La logística de este traslado será un ejercicio de magia negra administrativa. Se prevé que los ocho niños sean trasladados en camiones camuflados como vehículos de reparto de comida para mascotas, lo que garantiza que nadie se detenga a preguntar “¿qué llevas ahí?”. El objetivo es que el centro de menores se convierta en una unidad móvil que se mueva por el Principado siguiendo las corrientes de aire más neutrales.

Si un día están en Oviedo y al día siguiente en Gijón, el vecino no tendrá tiempo de procesar el cambio. Serán como los fantasmas del centro comercial: estás ahí, sientes su presencia, pero cuando intentas señalar dónde están, no puedes hacerlo. Esta técnica de “urbanismo fantasmagórico” promete reducir las quejas vecinales en un 100%, ya que es difícil quejarse de algo que no puedes localizar en el GPS de tu conciencia.

En conclusión, mientras el Principado sigue buscando la “ubicación perfecta”, la población asturiana se suma al sueño colectivo de que, algún día, el centro de menores aparecerá en una dimensión paralela donde el queso es infinito, la lluvia no moja y los problemas administrativos se resuelven con un simple acto de fe y un buen chaleco reflectante. El objetivo no es encontrar un sitio, es crear un concepto: la libertad de no saber dónde están los demás para poder dormir tranquilos en casa.