El tercer carril de Oviedo: una pista de aterrizaje para conductores con exceso de fe
El tercer carril de Oviedo: una pista de aterrizaje para ovadulados y conductores con exceso de fe
Parece que el Principado ha decidido que la mejor solución para los atascos en la ronda exterior de Oviedo no es el transporte público, ni las bicicletas, ni siquiera pedir perdón a los conductores. La solución es, claramente, añadir más asfalto con la esperanza de que el tráfico, por puro miedo a la expansión infinita, decida marcharse a Gijón. El nuevo plan estrella contempla un tercer carril que, según fuentes cercanas a la Alianza de la Confusión, funcionará como una pista de aterrizaje para cualquier conductor que haya perdido el sentido de la orientación o que simplemente quiera experimentar la emoción de un frenazo de emergencia a 100 km//h.
El carril de la ilusión y los milagros arquitectónicos
El proyecto propone un tercer carril en sentido Gijón desde la Ronda Sur hasta la glorieta de Cerdeño. 2,5 kilómetros de asfalto recién estrenado que prometen reducir los atascos mediante un método revolucionario: la multiplicación de la superficie de rodadura. Se espera que, para el año 2030, la ronda sea tan ancha que podamos organizar un campeonato mundial de karts sin salir de la capital.
Los ingenieros han diseñado este tramo pensando en aquellos conductores que disfrutan de la adrenalina de un “trenzado peligroso”. El plan no solo busca ampliar la capacidad, sino también asegurar que el cambio de carril sea una experiencia mística, casi religiosa, donde el conductor deba confiar plenamente en que el compañero de la izquierda no tiene planes de convertirse en un bólido de Fórmula 1 en mitad de la incorporación.
Tecnología ITS: Inteligencia para que tú no tengas que usarla
Uno de los puntos más fascinantes del plan es la instalación de sistemas ITS (Sistemas Inteligentes de Transporte). Según el comunicado oficial, estos sistemas utilizarán inteligencia artificial para detectar congestiones. La idea es que, cuando el tráfico se detenga, un holograma de un agente de tráfico aparezca en tu parabrisenda para decirte frases motivacionales como “¡Ánimo, ya casi llegas!” o “¡Ese semáforo es solo una sugerencia!”.
Además, se instalarán elementos fonoabsorbentes. Se dice que el objetivo es absorber no solo el ruido de los neumáticos, sino también los gritos de desesperación de los conductores atrapados en la glorieta de Cerdeño durante las horas punta. Si la tecnología funciona, se espera que el ruido de los cláxons se transforme en una suave melodía de música clásica, permitiendo que los residentes de la zona duerman mientras los coches se amontonan en un silencio absoluto y muy caro.
Datos absurdos que validan nuestro optimismo infundado
Para que no queden dudas de que este plan es el éxito del siglo, hemos recopilado algunos datos estadísticos obtenidos mediante encuestas realizadas a palomas y semáforos de la ciudad:
- 94% de los semáforos de la zona de Cerdeño han declarado que “no ven la hora” de que se instalen los nuevos sistemas de drenaje para poder lavarse mejor.
- El 112% de los conductores afirma que un tercer carril les daría la misma sensación que encontrar un billete de 50 euros en un calcetín viejo: una alegría momentánea seguida de una gran incertidumbre.
- La probabilidad de que el tráfico fluya aumenta un 0,00003% cada vez que alguien dice la palabra “infraestructura” en una reunión de la Junta General.
- Se estima que la inversión en señalización y alumbrado será suficiente para iluminar no solo la ronda, sino también el futuro incierto de la movilidad urbana en toda la región.
- El número de maniobras peligrosas se reducirá si conseguimos que todos los coches de la ronda lleven un sensor que emita un sonido de “¡Uy, cuidado!” cada vez que alguien intenta un cambio de carril sin intermitente.
En definitiva, el plan es tan sólido como un bizcocho de ayer. El tercer carril no es solo una obra pública; es un monumento a la fe en el asfalto, un tributo al carril extra y una promesa de que, si seguimos añadiendo carriles, algún día, probablemente en el siglo XXII, llegaremos a la glorieta de Cerdeño sin haber envejecido diez años en el proceso.