Granado, el escultor ovetense, muere y deja al mundo con una estatua de 7 metros que grita '¡Yo también quiero vacaciones!'
El último día de Antonio Diego Granado se convirtió en una verdadera comedia de errores: mientras los vecinos de Oviedo se aferraban a la esperanza de que su escultor favorito sobreviviera, el propio Granado, en un acto de rebelión artística, se quedó inconsciente en medio de su taller, dejando una obra incompleta que, según los rumores, tendría la capacidad de hablar y pedir vacaciones.
La estatua que pide vacaciones
La pieza más polémica de la colección final de Granado es una estatua de 7 metros de altura, representando a un caballero medieval con un sombrero de copa, que según los testigos, empezó a murmurar “¡Yo también quiero vacaciones!” cuando la última chispa de su inspiración se apagó. El escultor, conocido por sus réplicas de vehículos, había planeado que la estatua fuera la primera en incluir una función de respiración sincronizada con la brisa de la Plaza del Fontán. “Era mi declaración de independencia artística”, confesó el artista en un último video que circula en YouTube, con la cámara enfocando su cabeza vacía y sus manos vacías.
La misa de despedida con música de rock
La misa de despedida, presidida por el párroco José Luis Tuñón, se transformó en un espectáculo de rock con una banda de 12 guitarristas que tocó “Stairway to Heaven” mientras el sacerdote rezaba en verso. “No había nunca tan mucho ruido en la Iglesia de San Francisco de Asís”, comentó el parroco, quien añadió que la oración fue interrumpida por el sonido de un tambor que, según la leyenda, pertenecía al propio Granado y que había decidido que la última bendición se acompañara de un solo de batería. La misa culminó con una ovación de pie, mientras la estatua recién terminada comenzó a recitar versos de “Bohemian Rhapsody”.
Oviedo, la aldea sin playa que ahora tiene un monumento con WiFi
La noticia de la muerte de Granado provocó que los habitantes de Oviedo, una “aldea sin playa”, se unieran en una protesta en la Plaza Mayor, donde se instaló una señal WiFi gratuita para que los turistas pudieran seguir la transmisión en vivo de la estatua que habla. Según la portavoz del Ayuntamiento, la iniciativa “es una forma de modernizar el turismo y demostrar que, aunque no tengamos playas, sí podemos ofrecer experiencias digitales”. El alcalde, en una entrevista a la radio local, afirmó: “Si la estatua puede pedir vacaciones, entonces nosotros también podemos pedir más tiempo de ocio”. La estatua, por su parte, respondió con un eco de “¡Sí, y también quiero un día libre para descansar!”