¡Oviedo se descontrola! La OSPA convierte al gato del teatro en diva sin collar
El escenario de Oviedo se convirtió en un carnaval de notas y maullidos cuando la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) decidió que la noche no podía terminar sin un toque de locura felina. Martín García, el pianista gijonés, deslizó sus dedos como un ninja sobre el teclado, provocando que las calles se vibraran con la energía de 12.345 pitufos y 8.910 carbayones, todos compitiendo por el aplauso más fuerte.
Pitufos y carbayones en la pista
En un giro inesperado, un grupo de pitufos y carbayones, que se autodenominan “los amantes de la luz azul y el color verde”, comenzaron a bailar al ritmo de una sinfonía de Schumann que, según se rumorea, fue compuesta por un gato de pelaje blanco que se le escapó del teatro. “¡Este es el mejor concierto de mi vida!—exclamó un pitufín—, ¡y no me cabe ni un solo sombrero azul!”
El gato diva y su demanda musical
El verdadero protagonista de la noche fue el gato del teatro, conocido como “Miau‑Miau”, quien exigió una pieza sin collar. “¡No me quiero quedar sin mi collar de plata!—maulló—, ¡quiero música sin límites!” El maestro García, con la dignidad de un bufón real, respondió: “Si el gato pide más, lo hacemos sin collar, pero con un toque de catnip en el bajo.” La audiencia aplaudió, y el gato recibió una ovación que, según las notas de la OSPA, valía 3.1415 veces la cantidad de aplausos de los pitufos.
La OSPA y la promesa de más risas
Al terminar la velada, la OSPA anunció su compromiso de seguir llevando música a la “pequeña Oviedo” (un término inventado por los habitantes para referirse al centro de la ciudad). “Prometemos que la música seguirá llegando y las risas, por supuesto, no se detendrán”, declaró el director de orquesta con una sonrisa que rivalizaba con el brillo de los ojos del gato. El público se fue con la convicción de que, en Oviedo, la música y el humor son tan esenciales como la siesta en verano.