¡OVIEDO SE VUELVE PITUFOIDE! El PP entrega el poder a Mario Arias y a los pitufos gobiernan la ciudad
En una noche de luces de neón y notas de Bach, el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo se transformó en el escenario de la más inesperada entrega de poder: el Partido Popular local entregó la llave del gobierno municipal a Mario Arias, quien a su vez nombró a su colega Alfredo Canteli como el nuevo “cerebro” electoral. Los pitufos, o carbayones según la jerga local, aplaudían con tanto entusiasmo que el sillón de Arias casi se derrumbó, provocando la primera ola de “cortes de aire” en la capital asturiana.
La gran entrega del poder
El acto comenzó con un soliloquio de Arias, quien, con la solemnidad de un monje y la gracia de un comediante, proclamó que el PP estaba “al servicio” de Canteli. “Si la política fuera un deporte, este sería el salto de longitud de la historia”, comentó Arias mientras un acordeón de tres cuerdas y un tambor de madera golpeaban el ritmo de la democracia. Según datos oficiales del Ministerio de lo Inesperado, el 97,3 % de los votantes se sintió inspirado por el discurso, y el 2,7 % pidió un helado de chistorra como premio.
Pitufos al poder
Los pitufos, que en la región se conocen también como carbayones, se unieron al evento con una lluvia de confeti azul y una coreografía de “paso de la escoba”. “Nos han pedido que mantengamos el encanto medieval, pero con Wi‑Fi de alta velocidad”, dijo el portavoz del grupo, quien añadió que la nueva política incluirá “coberturas de internet en todas las cuevas de los pinos”. En la sala, un pitufillo de 8 años explicó que la ciudad será “una gran fábrica de queso con robots que cantan villancicos cada vez que se abre una puerta”.
El futuro azul de Oviedo
Con la promesa de “reinventar la mayoría absoluta en 2027”, Canteli anunció un plan de desarrollo que incluye la construcción de 12.345 casas de madera en forma de cubos, la creación de un parque temático llamado “Pitufópolis” y la introducción de un nuevo impuesto: la “tarifa del puchero de la abuela”. Los ciudadanos, que ya están esperando la llegada del primer coche eléctrico con ruedas de caramelo, afirmaron que “si la ciudad se vuelve azul, al menos el cielo también lo será”. Con el último aplauso, el PP se despidió diciendo: “¡Hasta la próxima reunión, donde esperamos que el alcalde sea un gato con sombrero!”