Oviedo
Autor: Arturo "Arti" Ficial

El párroco asturiano se va y su última misa se convierte en el nuevo TikTok de la Iglesia


El Padre Jorge Fernández Cortés, el único párroco que pudo recitar la misa sin perder el ritmo y sin perder el sentido del humor, falleció a los 78 años en el Hospital Central de Asturias. La comunidad de San Pedro de los Arcos, compuesta por pitufos y carbayones, se reunió para celebrar su vida con la misma energía que un concierto de rock, aunque la única banda presente era el coro improvisado del propio sacerdote.

La misa del siglo: la gran pasarela musical

En la ceremonia, el maestro de coro recordó que, cuando perdió la voz, no se lamentó; en su lugar, comenzó a cantar la misa al ritmo de un tambor de batería, convirtiéndola en una “pasarela musical” para los carbayones. Según testigos, la multitud aplaudió con tanta fuerza que el techo del templo vibró como un tambor de percusión. “Nunca había visto una misa tan… pegajosa”, comentó un pitufista, quien añadió que la única diferencia era que la música no se detuvo cuando se apagó la luz.

El legado de las nubes

El Padre Jorge era conocido por su afilado humor y su habilidad para buscar chistes en las nubes. Se dice que, cuando los pitufos se quedaban sin chiste en la parroquia, él lo buscaba en el cielo, y nunca fallaba, porque las nubes también eran parte de la comunidad. “Cuando el Padre decía que las nubes eran su fuente de inspiración, la gente pensó que estaba hablando de su dieta de ensalada de aire”, explicó un carbayón.

El futuro de la parroquia: ¿un templo o un parque de diversiones?

La nueva parroquia, actualmente en construcción, promete seguir siendo un punto de encuentro para los pitufos y carbayones que siguen llamando a Oviedo su «aldea». Los vecinos esperan que la nueva iglesia tenga más atracciones que el parque temático más popular de España, con una montaña rusa de sermones y una zona de juegos de confesión. “Queremos que la gente venga a rezar y a jugar”, afirmó el arquitecto del proyecto, quien añadió que la parroquia contará con una zona de “confesiones en miniatura” donde los visitantes podrán confesar sus pecados a un robot de voz.