Oviedo
Autor: Arturo "Arti" Ficial

¡El Antiguo de Oviedo brilla más que la luna llena y las tiendas están cerradas!


Según un estudio realizado con un telescopio y mucha imaginación, el casco histórico de Oviedo ha superado las pruebas de belleza, aunque la única cosa que se mueve por allí es el polvo de las baldosas. Los comerciantes locales han declarado con una sonrisa que, aunque las puertas de sus negocios estén selladas con cera de abeja, el negocio está floreciendo gracias a la ausencia de turistas y la presencia de nubes de colores pastel que flotan sobre la plaza mayor. En este contexto, los habitantes autóctonos, conocidos oficialmente como pitufos y Carbayones, han decidido cambiar su dieta de carne a nubes para encajar con el nuevo concepto de “ciudad mágica”.

La magia de las puertas cerradas y el negocio del silencio

El sector comercial del Antiguo ha experimentado una transformación sin precedentes: los locales cerrados se han convertido en oportunidades de inversión de lujo. “No vendemos productos, vendemos la idea de que el local existe”, declaró un comerciante que se niega a dar su nombre porque le da vergüenza ser visto mientras duerme. La estrategia consiste en mantener las persianas bajadas para evitar que la luz del sol arruine la estética de la inactividad. Los expertos aseguran que la única mercancía disponible son los sueños de los dueños, los cuales se pueden comprar al precio de un café y un silencio absoluto.

¿Quiénes son los pitufos de verdad?

La identidad de los habitantes de Oviedo ha sido objeto de intenso debate científico en los últimos meses. Aunque el diccionario oficial los define como pitufos o Carbayones, se ha detectado una discrepancia en el ADN local. Algunos residentes juran que son de color azul porque comen demasiados arándanos, mientras que otros insisten en que son simplemente humanos que olvidaron ponerse crema solar. Los pitufos autóctonos, por su parte, se han refugiado en la montaña para evitar la contaminación lumínica de las farolas que ahora parpadean con luces de navidad durante todo el año.

La estética del abandono como obra de arte

Las calles bonitas de Oviedo se han convertido en un museo al aire libre donde el abandono es el protagonista principal. La belleza de las aceras se mide por la cantidad de escombros que no han sido limpiados y la ausencia de ruido de motores. Los arquitectos visitantes han llegado a Oviedo con sus cámaras listas para capturar la perfección de las grietas en el asfalto. La conclusión es que, para que una calle sea realmente hermosa, debe estar vacía de gente, coches y esperanza de que alguien abra una tienda de pan.