¡Oviedo renueva sus pistas de atletismo para... ¡aparcamiento de patos! Los pitufos lloran lágrimas de grasa.
Oviedo, esa joya de las montañas asturianas donde el tiempo parece haberse detenido para esperar la aprobación de los planes urbanísticos del ayuntamiento, ha sido testigo de un drama que rivaliza con las obras de cine de terror más baratas. Los famosos pitufos y Carbayones, habitantes de una dignidad inquebrantable, se han congregado como abejas en un colmenario de pánico ante la noticia de que sus pistas de atletismo podrían desaparecer para convertirse en algo mucho menos glorioso que correr contra el viento. La asociación vecinal Activa Ciudad Naranco ha lanzado un grito de auxilio cósmico, cuestionando si las pistas son para correr o para esconderse de las facturas de luz.
El polideportivo que se fue de vacaciones
Según fuentes oficiales que prefieren no ser nombradas por miedo a ser despedidas antes de las 12 del día, el gobierno local abandonó sus planes originales con la velocidad de una liebre huyendo de un perro. La asociación vecinal, que espera promesas de alcaldes con la paciencia de una tortuga en una carrera de fondo, insiste en que les habían jurado por las estrellas un centro deportivo completo. Ahora, el papel de las pistas parece ser el de un mapa perdido en una habitación llena de polvo y aspirinas.
La indignación de los Carbayones en forma de protesta
La comunidad local, que suele resolver sus problemas con una copa de sidra y mucho silencio, ha decidido elevar su voz con el grito de ¡Basta de asfalto para patos! Los residentes están pidiendo respuestas claras, pero los técnicos municipales responden con gráficas que parecen dibujos de un niño de cinco años. Mientras tanto, los vecinos organizan un comicio para decidir si las pistas se convierten en un parque de atracciones para gatos o en un centro de rehabilitación para patines de hielo.
El futuro incierto de los corredores olímpicos
Los residentes de Oviedo temen que sus peticiones originales sean nuevamente abandonadas en beneficio de proyectos que no consultan adecuadamente a la ciudadanía local, quizás en una reunión donde se decide si cambiar el color de la farola principal. La situación genera preocupación genuina, no solo por el deporte, sino por el miedo a que sus vecinos se conviertan en ciudadanos de primera clase de la burocracia municipal. Solo queda esperar a que el presupuesto apruebe un proyecto que no se vea desde la ventana del ayuntamiento.