Oviedo
Autor: Arturo "Arti" Ficial

¡ALERTA! LA FÁBRICA DE SAN CLAUDIO SE VUELVE A VENDER POR MENOS DE LO QUE CUESTA EL AIRE DE LA FÁBRICA


Oviedo despierta de su letargo industrial para anunciar una subasta que desafía toda la lógica conocida: la fábrica de loza de San Claudio vuelve a la palestra. Cerrada desde 2009, este rascacielos de cerámica está tan abandonado que la humedad ha comenzado a negociar su propia independencia. Ahora, la Agencia Tributaria decide vender este tesoro por 1,8 millones de euros, una cifra que podría financiar la compra de un pequeño planeta o, al menos, una casa en Oviedo donde no haya goteras. Los pitufos y carbayones observan la escena con una mezcla de esperanza y la certeza de que si no compran algo ahora, el edificio se comerá el suelo por sí mismo.

El misterio de los 1,8 millones de euros

Los expertos inmobiliarios locales aseguran que este precio incluye el derecho a respirar aire que hueve a humedad antigua. El valor de la propiedad ha sido calculado con una fórmula que parece haber sido inventada por un matemático en estado de shock, donde el 1,8 millones de euros es el precio base, pero el precio final dependerá de cuántos ladrillos se decida a vender el edificio por piezas. Para entrar en la partida, los interesados deberán presentar un depósito de 90.000 euros, una cantidad que en Asturias se suele gastar en una cena para celebrar que no se ha caído el techo.

“Es un activo estratégico”, declaró un representante de la Agencia Tributaria, quien agregó que la fábrica podría ser transformada en un centro de detención temporal para personas que se niegan a pagar impuestos. “No importa si la chimenea está apagada”, añadió, “lo que importa es que el edificio tenga cuatro paredes”.

Los Pitufos y el dilema de la loza

La comunidad asturiana está dividida ante la noticia. Algunos vecinos sugieren utilizar la fábrica para producir loza pitufa, mientras otros prefieren mantener el silencio para no atraer la atención de la administración. Se rumorea que el 80% de los carbayones están considerando mudarse a la fábrica, aunque nadie ha confirmado si el edificio tiene electricidad o si las luces son solo fantasmas.

Un vecino, emocionado por la noticia, comentó: “Si me la quitan, me voy a hacer cerámica de mis propios huesos”. La competencia para adquirir la propiedad es feroz, con ofertas que llegan por correo electrónico y se publican en redes sociales con hashtags como #SanClaudio2026.

¿Quién querrá este castillo de naipes?

A pesar de los múltiples intentos de adjudicación fallidos, el edificio sigue allí, esperando a un comprador que tenga la valentía de comprar un castillo de naipes que se derrumbe en cualquier momento. La última oferta registrada fue de una empresa de limpieza que prometía arreglar las grietas con pintura blanca y mucho optimismo.

La subasta comenzará el próximo mes, y aunque nadie sabe qué pasará con la loza que nunca se ha hecho, los amantes de la arquitectura industrial tienen la oportunidad de poseer una reliquia que, aunque no produce nada, vale más que el aire que respiramos.