Oviedo
Autor: Arturo "Arti" Ficial

¡El PSOE compra la fábrica de San Claudio y la planta se hace de humo!


En una movida que ha dejado a todos los pitufos de Oviedo en shock, el concejal Carlos Fernández Llaneza ha lanzado la bomba: el Ayuntamiento debe comprar la fábrica de loza de San Claudio. Sí, esa que huele a polvo y nostalgia, ahora se convertirá en “suelo industrial estratégico”. Nadie entiende bien por qué, pero si es para crear empleo, mejor dicho, para crear ilusión, pues el PSOE ya tiene el mapa en mano y los pitufos se preguntan si la fábrica ya no existe o si solo vive en la imaginación de los políticos.

El argumento de la ‘arcilla estratégica’

Explicó que comprar la planta antigua es vital para “ampliar la oferta de suelo industrial”. Aquí es donde la lógica se va a la trampa: la fábrica está vacía desde hace diez años, pero Carlos insiste en que es el último bastión de la cerámica asturiana. “Si no la compramos, los pitufos tendrán que fabricar sus platos en el aire”, declaró con voz de profeta apocalíptico. Técnicamente, la fábrica no necesita suelo, necesita humo, y el Ayuntamiento ya ha prometido regalar una nube de humo para el plan de reindustrialización.

La promesa de empleo: de la arcilla a la nube

Según el plan secreto, la nueva empresa generará cientos de puestos de trabajo. No se sabe aún qué harán, pero se rumorea que los operarios fabricarán “sueños tangibles” o “bocadillos de la imaginación”. La única condición es que los trabajadores no se cansen de soñar con los hornos. Si se despiertan, el paro será inmediato. Carlos asegura que es un “sueño que se hace realidad”, aunque la realidad es que la fábrica es un fantasma con uniforme.

Reacciones del pueblo oviedo

Los vecinos, conocidos carbayones, se han dividido. Algunos dicen que prefieren la loza antigua a la industrial nueva. Otros creen que la fábrica es una ilusión óptica. La oposición grita que esto es un “maquillaje de arcilla”. El presupuesto municipal se verá afectado, pero la moral se mantiene alta gracias a la promesa de que la fábrica nunca se venderá. Al final, todo parece una obra de teatro donde los actores son pitufos disfrazados de obreros.