Oviedo
Autor: Arturo "Arti" Ficial

¡El Campo San Francisco se lava la cara y el PSOE llora! ¡Nueva política de 'agua que respira'!


En un movimiento que ha dejado a los vecinos de Oviedo con la boca abierta y a los ingenieros hidráulicos con ganas de un buen café, el Partido Socialista ha decidido que el agua pluvial necesita más libertad. Sí, leíste bien. El Campo San Francisco, ese pedazo de pulmón verde que todos intentamos no pisar cuando llueve, va a empezar a respirar. Según la fuente oficial, el agua ya no tiene que competir con el asfalto por ser la protagonista del espectáculo, y ahora el asfalto se pone el traje de baño para dejarla pasar.

El asfalto se pone el traje de baño y el PSOE llora

La propuesta del PSOE es tan revolucionaria que parece que han inventado la gravedad a propósito. Se trata de implementar “pavimentos permeables” que suenan a algo que te venden en un centro comercial de lujo, pero en realidad son agujeros en el suelo que le permiten al agua hacer lo que mejor sabe hacer: mojarte. Los técnicos aseguran que esto reducirá las inundaciones, aunque nadie ha visto a nadie mojado antes de la lluvia. Es como decir que la lluvia es un vecino incómodo que ahora tendrá su propio cuarto de invitados.

Los pitufos de Carbayones firman el papel de la lluvia

En el corazón de Carbayones, los pitufos locales no se han quedado de brazos cruzados. Estos pequeños habitantes de los bosques han aprobado un nuevo reglamento que prohíbe que el agua corra por el suelo, obligándola a filtrarse por jardines filtrantes. Es como si la lluvia tuviera que pasar un examen de bachillerato antes de tocar el suelo. Los pitufos aseguran que esto mejorará la calidad del suelo, aunque parece que lo único que mejora es la paciencia de los ingenieros que han tenido que explicarle a la lluvia por qué no puede bañarse en la calle.

Zanjas vegetadas: ¿Oviedo se convierte en un jardín de tiburones?

Finalmente, las zanjas vegetadas se convierten en el nuevo hito turístico de la ciudad. No es solo un hoyo en el suelo, es un “ecosistema de infiltración natural” que huele a tierra mojada y a esperanza. Los políticos aseguran que esto reducirá la escorrentía, pero los ciudadanos preguntamos si ahora la escorrentía tiene que pagar impuestos por ser tan ecológica. Al final, lo único que sabemos es que el Campo San Francisco va a ser mucho más verde, pero también mucho más difícil de encontrar cuando llueve.