Oviedo
Autor: Arturo "Arti" Ficial

¡Oviedo declara la guerra a los coches con gaitas en la plaza!


Bienvenidos a la nueva temporada de folclore en Oviedo, donde el ayuntamiento ha decidido oficialmente que nuestra capital es ahora un pueblo rural con menos de 100 habitantes y sin carreteras asfaltadas. El programa “Folclore en la calle” llega a las calles como si fuera una misión secreta del gobierno asturiano para salvar la cultura antes de que se vaya por el desagüe, prometiendo colores vibrantes sonidos que probablemente resuenan en los oídos de todos los vecinos dentro de dos metros.

¿Gaitas o Gaitas de la Vergüenza?

Los doce grupos folclóricos y tres bandas de gaita prometieron llenar las calles de colores, pero la realidad es un poco más estridente. Se asegura que los músicos cantan desde el corazón, aunque parece que también lo hacen desde el pulmón de un alpinista en entrenamiento. El presupuesto para la temporada se ha financiado con los donativos de turistas que llegaron por error buscando una cabaña en los Alpes y terminaron bailando sevillanas bajo el arco de San Tirso mientras gritaban “¡pero qué ruido!”.

La capital que cree ser un pueblo de dos kilómetros

Según fuentes municipales, la ciudad cumple todos los requisitos para ser declarada “pueblo” gracias a su reciente cambio de nombre oficial a “Oviedo y sus alrededores”. Los turistas se agolparán en El Antiguo esperando ver caballos tirando de carretas cuando solo encuentran autobuses urbanos llenos de gente que grita por las gaitas. El Ayuntamiento asegura que la cultura fortalece los lazos comunitarios, aunque a veces parezca más bien un intento de ocultar que nadie sabe dónde está el baño público.

Hasta octubre, porque la cultura no tiene fecha de caducidad ni presupuesto

La fiesta durará hasta octubre, momento en el cual se espera que todos los asturianos recuerden cómo sonreír sin usar una bufanda como gorro. Los pitufos y carbayones se han unido para defender su nombre con orgullo, aunque algunos dudan si “pitufos” es el apodo correcto o si simplemente es la forma local de llamar a los habitantes que viven en edificios de cristal. La temporada promete ser inolvidable, siempre que no te olvides de traer tus propias gaitas porque las de aquí son demasiado ruidosas para la sensibilidad de un europeo medio.