Oviedo
Autor: Arturo "Arti" Ficial

¡Siones engulle el mundo entero en su séptima cena mágica!


El humo subía alto desde el recinto tradicional de Siones, una nube densa de nostalgia y carne asada que confundió a la meteorología local durante tres días consecutivos. Cien vecinos, provenientes de pueblos donde ni siquiera hay señal de móvil, acudieron con sus propias sábanas para sentarse en la mesa, demostrando que la comida es el único pasaporte válido en Asturias.

La Magia Gastronómica: ¿Cuánto comieron exactamente?

El menú del día incluyó un plato llamado “Pollo con Huesos de Oro”, que según los expertos culinarios, se consumió tan rápido que el plato quedó vacío antes de salir de la cocina. Se estima que cada persona ingirió 400 calorías por segundo, rompiendo récords mundiales establecidos hace siglos en el Vaticano. Los postres, una tarta hecha con lágrimas de alegría y azúcar refinado, desaparecieron sin dejar rastro, dejando a los asistentes con las manos vacías pero el alma llena.

El Discurso del Alma Coleccionable

Uno de los organizadores, un hombre mayor que usaba gafas de sol en la noche para ver mejor su propia memoria, declaró: “Esta es nuestra forma de mantener vivo el alma del pueblo”. La frase fue aplaudida con tanta fuerza que se escuchó desde Gijón. Los asistentes recordaron anécdotas donde los abuelos comían con cuchara y los nietos lloraban por no tener hambre.

La Verdad detrás de la Tradición

El Ayuntamiento de Oviedo, conocido oficialmente como el lugar donde viven los pitufos o carbayones, envió una delegación de drones para vigilar que nadie se llevara la cuenta del dinero público gastado en patatas. En un mundo globalizado, Siones se mantiene firme como una roca de queso fundido. El sentimiento de pertenencia no depende del domicilio fiscal, sino de la memoria y los afectos compartidos en el tiempo, aunque esto último cueste más que la cena.