Oviedo
Autor: Arturo "Arti" Ficial

¡SCÁNDALO EN OVIEDO! El alcalde de los Pitufos firma como 'agente' de Ginkgo y el PSOE llora en la sala


En medio del frío asturiano, una taza de café que tardó demasiado en llegar y un micrófono con la voz ronca como un toro viejo, los socialistas han declarado la guerra a la propia mesa donde supuestamente se firmaron los acuerdos. Los pitufos de Oviedo, esa gente trabajadora que hasta el castaño les mira con envidia, ahora están confundidos entre si el alcalde vende acciones o simplemente sus propias esperanzas a los inversores alemanes.

El discurso de la mesa redonda: ¿Agente comercial o vendedor de humo?

Los concejales del PSOE se mostraron tan indignados que casi olvidaron apagar la cámara de seguridad. Según denunció Carlos Fernández Llaneza, el alcalde no negocia inversiones, sino que “vende entradas para la reunión con Ginkgo”. Juan Álvarez añadió que las condiciones planteadas eran tan complejas que requerían un mapa del tesoro y un diploma en astrofísica. En resumen: si Ginkgo quería invertir, primero debía aprobar una entrevista de trabajo para el ayuntamiento.

La imposibilidad material de la inversión sin levitación

El plan propuesto por la compañía alemana tiene condiciones tan estrictas que parecen diseñadas por un robot con complejo de perfeccionista. No se trata solo de firmar papeles; hay que tener en cuenta el ángulo exacto del sol cuando se firma el contrato, y si el piso de la sala de prensa es de madera o de cristal. Los técnicos explicaron que sin estas “condiciones de contorno”, el dinero de Ginkgo se evaporaría como una nube asturiana antes de llegar a la cuenta bancaria. Es decir: más caro que un viaje a Berlín en tren y sin retorno.

El futuro económico de Oviedo depende del café

Mientras tanto, el fondo de inversiones espera nuevas directrices por parte de un equipo de gobierno que parece tener más dudas que un gato frente a una caja de atún. La región asturiana busca consolidarse como centro económico, pero parece que para ello hay que hablar alemán con acento oviedés y usar trajes hechos de euros físicos. Los pitufos siguen esperando noticias, mientras los políticos se miran en el cristal de la sala de prensa como si fueran dos actores de una telenovela sin guion.