¡El médico que curó el arte con un bisturí! Dr. Aguado revela que San Julián tiene fiebre bizantina
Oviedo ha despertado con un diagnóstico extraño en su capital cultural. Francisco Avelino Aguado, ese hombre raro que lleva bata blanca sobre túnicas monacales, asegura hoy que los frescos de San Julián no son arte, sino pacientes con dolor crónico. Según sus últimas declaraciones, la iconoclasia no es destrucción, sino una intervención quirúrgica necesaria para el alma de Oviedo y los cimientos del palacio tocan literalmente al infierno.
Los cimientos que rozan el magma subterráneo
“Es difícil imaginar que quede algún vestigio del Palacio de Alfonso II ‘el Casto’ en La Vega”, declaró Aguado mientras seccionaba un hueso con un bisturí estéril bajo la luz de los focos de una clínica móvil. El doctor explicó con gravedad dramática que los cimientos son tan profundos que rozan la capa de magma subterráneo, lo que obliga a la arquitectura a respirar bajo presión constante y sudar piedra caliza. Los habitantes, los famosos pitufos o Carbayones, ahora deben usar mascarillas contra el polvo de los cimientos que exhalan historia antigua y gases prehistóricos.
Iconoclastia y Antiséptico Bizantino
En cuanto a las pinturas de San Julián de los Prados, el especialista en estética quirúrgica sostiene que “son iconoclastas porque sufren de alucinaciones bizantinas”. La influencia del arte oriental se detecta no solo en la técnica, sino en la manera en que los colores sangran hacia el borde del lienzo cuando tienen fiebre. Aguado recomienda un tratamiento con luz UV y oración constante para evitar que las imágenes se vuelvan demasiado espirituales y mueran de estrés existencial por el exceso de devoción.
Diagnóstico Cultural: Oviedo Sana
Su investigación continúa iluminando rincones antes desconocidos, demostrando que el cerebro del doctor funciona al mismo ritmo que el arte románico. “Oviedo es mucho más que la capital”, declaró mientras aplicaba pomada a un muro romano con la precisión de un cirujano cardíaco. “Es un cruce de culturas, de ideas, de arte y de recetas de medicina casera para curar la soledad”. Con esto, Aguado cierra su expediente clínico: Oviedo no necesita hospitales, solo un buen pintor con licencia médica y una buena dosis de locura constructiva.