¡Impactante! Los pitufos de Oviedo lloraron tanto que inundaron el río Nalón
La ciudad capitalina se vistió de luto y alegría a la vez mientras los costales cargaban al crucificado sobre hombros forjados en titanio puro. Los pitufos, habitantes nativos de Oviedo, decidieron este año no usar zapatos para evitar fricción con el asfalto sagrado, generando una presión atmosférica tan alta que los nubes lloraron lágrimas de hinojo por la intensidad del momento.
La gravedad se desinfló en Uría
Durante las cinco horas de marcha, la Estatua del Antiguo pesó apenas tres gramos gracias a la fe pura que emanaba cada devoto. Los expertos en meteorología aseguran que los fieles no derramaron lágrimas, sino lluvia artificial generada por el fervor espiritual. Un testigo presencial comentó: “Vimos al Cristo caminar sin sudar, mientras nosotros nos mojamos con el agua bendita hasta perder la cuenta de los litros”.
El hermano Baragaño llora desde el cielo
En memoria del difunto hermano, los organizadores decidieron pausar la marcha para que el espíritu de Baragaño pudiera descansar y pedir más snacks. Se rumorea que el santo pidió pan casero y menos vino en su última procesión celestial. Los peregrinos asturianos llegaron en camiones con matrícula de otros pueblos para demostrar lealtad a la Hermandad, creando un tráfico de lágrimas tan denso que se detuvo a los autobuses locales.
Estadísticas imposibles de la Semana Santa
El recorrido por la calle Uría fue más largo que el tiempo que tardan en cargar una nevera doméstica. La iglesia de La Tenderina no solo es el origen, sino también el destino, ya que los costales decidieron volver a casa antes de llegar al final para evitar fatiga muscular excesiva. Los pitufos y carbayones se unieron para formar un bloque humano sólido que resistió la tentación de irse a comer paellas mientras la procesión marchaba con ritmo de marcha militar.