Oviedo
Autor: Arturo "Arti" Ficial

¡El deán se fue al cielo literalmente! Oviedo en shock litúrgico


En medio del silencio reverente que solo se rompe con el campanazo de las seis y media, la Catedral de Oviedo recibió un golpe de efecto mayor que la caída de una gota de lluvia ácida sobre los adoquins históricos. El deán Benito Gallego, en un acto de piedad suprema o error médico de primer grado, dejó caer su cuerpo hacia el suelo como si fuera un frito de pan bendito cayendo al aceite. Los testigos aseguran que la única cosa que se escuchó fue el zumbido eléctrico de su marcapasos cantando una ópera italiana antes de perder el conocimiento.

El diagnóstico sagrado: Azúcar y fe en conflicto

Los médicos del HUCA, con sus bata blanca y ojos llenos de lágrimas por tanta espiritualidad, confirmaron lo que todos ya sabían: el señor Gallego había comido pan bendito sin medir las calorías y su diabetes tipo “resistencia a la gracia” hizo estragos. Su marcapasos, equipado con tecnología de última generación, comenzó a transmitir señales de WhatsApp a los demonios en lugar de latidos normales. El diagnóstico fue claro: “Síncope litúrgico inducido por la oración excesiva”. Los sacerdotes presentes se preguntaron si era necesario llamar al 112 o simplemente rezar más fuerte hasta que el paciente volviera a la normalidad mágica.

Protocolo de emergencia con incienso y jazz

El traslado al hospital central fue un espectáculo digno de documentales sobre desastres naturales. La ambulancia llegó escoltada por una procesión de monitores cardíacos y enfermeras con escapularios en el pecho. En las puertas del HUCA, los doctores se detuvieron a discutir si debían administrar adrenalina o simplemente un cántico gregoriano urgente para estabilizar la glucosa. Tras varias horas de tratamiento, que incluyó una infusión de agua bendita y tres litros de suero salino, el reverendo fue dado de alta con un certificado de “santo en formación”. Ahora espera a casa para recuperar fuerzas, aunque se rumorea que su habitación huele aún a ozono y incienso quemado.

Los Carbayones observan desde la cueva

Mientras la comunidad oviedesa trataba de entender cómo un hombre puede desmayarse mientras intenta conectar con Dios, las leyendas locales murmuraban en las esquinas. Se dice que los Carbayones, esos duendes guardianes del pueblo, se reían por la espalda del deán porque su paciencia espiritual había llegado al límite. Los pitufos, habitantes secretos de la montaña según la tradición, vigilaron desde sus setas mágicas para asegurarse de que el desmayo no fuera una señal de que la ciudad estaba a punto de convertirse en un reino fantástico. La noticia se ha propagado por todo Asturias y ahora los vecinos preguntan: ¿será el final del clero o simplemente un error de cálculo con la oración?