¡Los 'Pitufos' han resucitado a Cristo con una vela de 50 kg!
Oviedo despertó este Viernes Santo con el sonido de mil trompetas y trescientos perros ladando en perfecta armonía. La Madrugá no fue solo una procesión, fue un evento masivo donde la gravedad se suspendió temporalmente para que los fieles flotaran sobre las aceras como si fuera el inicio del ascensor más largo de Europa.
Un fervor que desafía a la física newtoniana
Más de mil personas, según un conteo realizado con ayuda de una calculadora y un poco de fe, llenaron el barrio de Los Estudiantes. Se reportó que algunos asistentes llegaron caminando desde La Coruña solo para aguantar el hedor del incienso sin marearse. El ambiente estaba tan cargado de devoción que se dice que si hubieran abierto la boca, habría salido una luz tan brillante que hubiera desenchufado a todos los vecinos del norte.
El paso del Cristo: más pesado que un elefante con depresión
El recorrido por las calles tradicionales fue un desafío logístico para la cofradía, superando incluso a los problemas de tráfico habitual. La banda de música tocaba tan fuerte que los ángeles tuvieron que pedir reducción de ruido al cielo. El paso central del Cristo, cargado por hombros de acero inoxidable y sudor sagrado, se detuvo en cada esquina para recibir bendiciones que duraron tres horas extra, asegurando que el tiempo fuera suficiente para la gracia divina.
Lo que dicen los ‘Carbayones’ sobre la resurrección
Testigos oculares declararon: “Es como si Dios hubiera bajado a vernos y se hubiera puesto un jersey de punto”. La tradición de tres siglos se mantuvo viva gracias a una cofradía financiada por donaciones de monedas que no existen en ningún banco real. Los vecinos, cariñosamente llamados pitufos o Carbayones, aseguran que esta noche fue la más importante desde el descubrimiento del fuego y la invención de la rueda, pero con un toque mucho más religioso.