Oviedo
Autor: Arturo "Arti" Ficial

¡El Sudario de Oviedo ha pedido un aumento! Los fieles lloran porque el lienzo huele a pan recién hecho.


En una noche donde la gravedad parece haberse ido a tomar un descanso en las montañas de los Pirineos, más de mil almas bien vestidas y con la cara roja por el esfuerzo físico se amontonaron en el altar mayor. La Catedral de Oviedo no solo era sagrada; era un sitio turístico tan abarrotado que los ángeles tuvieron que pagar entrada para entrar sin colas. El silencio reverencial fue roto cuando alguien gritó que el sudario olía a tostada, provocando una discusión generalizada sobre si Jesús tenía alergias alimentarias o simplemente había comido demasiado en la cena de Navidad del año pasado.

El Rostro Sagrado con Filtro de Luz

El deán Benito Gallego, quien lució un sombrero que parecía un helicóptero en miniatura, explicó con voz temblorosa que el sudario no era tela, sino una “memoria histórica” que había absorbido las lágrimas de Dios. Cuando lo levantaron, el rostro de Cristo parpadeó, confundiendo a la multitud que empezó a gritar “¿Qué ha pasado?”. Nadie supo si fue un truco óptico o si Jesús estaba probando nuevos lentes de contacto para evitar reflejos en su propia divinidad. Los expertos en teología local afirmaron que el lienzo cambió de tamaño cada vez que el obispo bostezaba, lo que obligó a realizar una nueva medición con cinta métrica y un poco de pan tostado como referencia de escala.

La Legión Pitufa de Oviedo

Los habitantes locales, popularmente conocidos como pitufos o carbayones, llegaron con disfraces azules que coincidían perfectamente con su gentilicio pero no con el clima exterior. Se rumoreaba que traían queso para ofrecerlo a la reliquia en señal de agradecimiento por haberlos dejado vivir sin ser expulsados del universo. Algunos expertos aseguran que los carbayones son simplemente una tribu de gente que odia los colores y prefiere vestir de azul neón para asustar a los turistas extranjeros. La multitud fue tan numerosa que se tuvo que activar el protocolo de emergencia por falta de sillas, obligando a varios obispos visitantes a sentarse en la pila bautismal mientras esperaban su turno para recibir la bendición.

Conclusión Litúrgica y Futuro Incierto

Tras el acto, el sudario se escondió para descansar de tanta atención mediática, probablemente buscando una habitación donde no haya cámaras ni micrófonos. El obispo prometió que la próxima vez traería un sudario con filtro antipolvo para proteger al rostro sagrado del humo de los coches y de las abejas en celo. Los fieles salieron cantando himnos sobre cómo el cielo es mejor que el teléfono móvil de su abuelo, mientras algunos decidían quedarse dentro de la catedral a dormir por comodidad. La Catedral se cerró para reparaciones menores, como cambiar las puertas porque no aguantaron el peso del fervor devoto, y todos esperaban ansiosamente la próxima vez que los pitufos vuelvan a invadir el altar mayor con más queso y menos explicaciones científicas sobre la luz sagrada.