Oviedo 2031: El plan para convertir a los Carbayones en expertos en diplomacia internacional y arte de vanguardia
Oviedo, ese pequeño y pacífico refugio donde la mayor tragedia social suele ser que se acabe la sidra en el primer brindis, ha decidido que la tranquilidad local ya no es suficiente. Los Carbayones, conocidos por su capacidad de ignorar el mundo exterior mientras disfrutan de un buen pote, han lanzado un plan de candidatura para 2031 que promete transformar la ciudad en un hervidero de tensiones internacionales, pero con un acabado muy estético y minimalista.
De la siesta a la diplomacia cultural de alto voltaje
El ambicioso proyecto propone crear residencias artísticas para artistas de Ucrania y Palestina, con la idea de que la paz mundial se alcance mediante el uso intensivo de la acuarela y el modelado en arcilla. Según fuentes cercanas al comité de organización, “si no podemos resolver los conflictos con tratados, lo haremos con instalaciones de vanguardia que queden muy bien en Instagram”. El objetivo es que la Plaza de la Escandalera se convierta en una extensión de la ONU, pero con menos burocracia y más uso de materiales reciclados y purpurina.
Abuelos: nuevos mediadores de la paz y expertos en ‘performance’
Para combatir la soledad de la tercera edad, el ayuntamiento ha ideado un plan de voluntariado que llevará a los mayores de la ciudad directamente al ojo del huracán artístico. Los abuelos de Oviedo no solo se encargarán de regar sus geranios, sino que deberán actuar como mediadores culturales en las piezas más disruptivas de los residentes internacionales. “Yo solo quería jugar al bingo tranquilamente, y ahora me encuentro explicando el concepto de la nada existencial a un artista que viene de una zona de conflicto”, comenta una vecina que, tras tres cafés, ya ha empezado a criticar el uso del cubismo en las instalaciones.
La Vega: donde el metal de la guerra se vuelve poesía existencial
El epicentro de esta revolución será la antigua fábrica de armas de La Vega. El plan busca aprovechar la estética industrial y bélica del lugar para albergar instalaciones que hablen de la paz, en lo que los expertos llaman “una contradicción artística muy rentable”. Se espera que la transformación de la fábrica sea tan radical que incluso los antiguos operarios puedan confundirse y pensar que están en una galería de arte contemporáneo en Berlín. “Es el sitio perfecto: si la escultura de metal no transmite paz, siempre podemos decir que es una crítica social sobre la obsolescencia programada”, afirmó un portavoz del comité con un entusiasmo que rozaba lo delirante.